Más allá del VO₂ máx: Hacia una comprensión psicobiológica del rendimiento en deportes de resistencia#RunchileArtículo #VO2Max

Más allá del VO₂ máx: Hacia una comprensión psicobiológica del rendimiento en deportes de resistencia.

Por: Victor Manuel Cepeda Salas

Psicólogo del Deporte/Sport Psychologist

Cuando pensamos en por qué un atleta se detiene en una prueba de resistencia, casi de manera automática miramos hacia el cuerpo: el VO₂ máx, el lactato, la depleción de glucógeno, la fatiga muscular periférica. Durante décadas, la fisiología ha sido la gran protagonista de la explicación del rendimiento. Y con razón: sin sus aportes, no comprenderíamos la base energética y metabólica del esfuerzo humano.

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Sin embargo, muchas de las pruebas que usamos para evaluar la resistencia siguen siendo, en palabras de Samuele Marcora,brainless tests”: pruebas “sin cabeza”. Son evaluaciones que miden con enorme precisión lo que ocurre en músculos, pulmones y sangre, pero que dicen muy poco de lo que ocurre en la psicología del atleta, es decir, en los procesos donde finalmente se decide si se sigue o se abandona.

Esto no significa negar la fisiología, sino reconocer que es insuficiente cuando se usa de manera aislada. La fatiga no es solo un fenómeno muscular o metabólico: es un fenómeno psicobiológico.

La teoría del gobernador central de Tim Noakes (2007) fue una de las primeras en desafiar la idea de que el rendimiento se limita por un fallo periférico. Para Noakes, el cerebro regula de forma anticipatoria el esfuerzo para evitar un daño potencial al organismo. La fatiga sería una señal protectora, una construcción central que limita el reclutamiento muscular antes de que ocurra un colapso fisiológico real. No nos detenemos porque el cuerpo colapsó, sino porque el cerebro predice que podría colapsar.

Más tarde, Samuelle Marcora propuso el modelo psicobiológico, que dio un giro aún más radical: la fatiga no es principalmente un mecanismo protector automático, sino el resultado de un proceso de toma de decisiones consciente. Basado en la teoría de la intensidad motivacional de Brehm (1999), este modelo plantea que el rendimiento en deportes de resistencia está determinado por dos factores psicológicos centrales, (Marcora et al., 2009): La Motivación y La Percepción del Esfuerzo.

Desde esta perspectiva, cuando un atleta reduce la velocidad o abandona una prueba, no lo hace porque su organismo ya no sea capaz de producir energía, sino porque ha alcanzado el máximo esfuerzo que está dispuesto a tolerar para el objetivo que persigue. La fatiga aparece cuando el equilibrio entre “lo que quiero lograr” y “lo que me cuesta lograrlo” deja de ser aceptable.

En términos simples, en el ejercicio de resistencia nos detenemos o disminuimos el ritmo por dos grandes razones:

  1. Porque ya hemos realizado el máximo esfuerzo que estamos dispuestos a ejercer para tener éxito. Aquí el límite es motivacional: esto ya no vale lo suficiente para seguir sufriendo.
  2. Porque creemos que hemos alcanzado nuestro máximo esfuerzo posible y que simplemente no podemos continuar al ritmo actual. Aquí el límite es perceptual: esto es demasiado duro para mí.

En ambos casos, el factor decisivo no es la incapacidad fisiológica real, sino la interpretación psicológica del esfuerzo. El modelo psicobiológico agrega además un punto fundamental: existen al menos tres factores conscientes que median la toma de decisiones durante una prueba y que explican por qué un atleta ajusta su ritmo antes de llegar al agotamiento fisiológico real:

  1. El recuerdo del esfuerzo percibido en experiencias previas. El atleta compara constantemente lo que siente ahora con lo que ha sentido antes en entrenamientos y competencias de distintas intensidades y duraciones.
  2. La conciencia del tiempo, la velocidad o la potencia necesaria para completar la tarea. Es decir, la capacidad de estimar qué tan exigente será sostener el ritmo hasta el final.
  3. La conciencia del tiempo transcurrido o de la distancia restante. La retroalimentación sobre cuánto queda por recorrer modula directamente la regulación del esfuerzo.

Estos tres elementos configuran un sistema de evaluación permanente: el atleta no solo siente el esfuerzo, lo interpreta a la luz de su historia, de sus expectativas y de la información contextual de la prueba.

Por eso, en este modelo, la fatiga es un balance dinámico entre motivación y percepción de esfuerzo. Sostener o abandonar un esfuerzo no es un reflejo automático del cuerpo: es una elección regulada cognitivamente. Las señales fisiológicas no te obligan a ir más lento; te hacen querer ir más lento.

Este punto es profundamente transformador para la psicología del deporte. Cambia la pregunta clásica desde: “¿hasta dónde llega el cuerpo?” hacia: “¿cuánto esfuerzo está dispuesto a tolerar el atleta para lograr algo que considera valioso?”.

En los últimos años, la teoría del procesamiento predictivo (Clark, 2013; Pezzulo et al., 2018) aporta otra capa de comprensión. Desde este enfoque, el cerebro no espera pasivamente la información sensorial, sino que construye activamente predicciones sobre lo que va a ocurrir. En resistencia, eso significa que el atleta desarrolla expectativas bastante precisas de cómo debería sentirse en cada momento de una prueba.

Si en el kilómetro 7 una carrera se siente peor de lo esperado, se produce un error de predicción. Para corregirlo, el cerebro puede:

  • actualizar la creencia (“este ritmo es más duro de lo que pensaba”), o
  • ajustar la acción (“bajar el ritmo hasta que vuelva a sentirse tolerable”).

Esta segunda opción es la llamada inferencia activa y coincide de manera elegante con la regulación del esfuerzo observada en competición. No reducimos la velocidad porque el cuerpo esté objetivamente imposibilitado, sino porque la experiencia subjetiva del esfuerzo se aparta de lo que consideramos sostenible.

Cuando unimos estas tres perspectivas —gobernador central, modelo psicobiológico y procesamiento predictivo— aparece una idea común: la fatiga es un fenómeno cerebral, psicológico y contextual. El cuerpo aporta información, pero la mente decide qué hacer con ella.

Por eso, las pruebas de lactato o VO₂ máx, siendo valiosas, no pueden seguir pensándose como explicaciones completas del rendimiento. Son necesarias, pero no suficientes. Son pruebas que hablan del motor, pero no del conductor.

Integrar la psicología al estudio de la resistencia no es una moda ni una romantización del esfuerzo. Es reconocer que algunos llegan más lejos no solo porque tengan mejores pulmones o músculos más eficientes, sino porque:

  • toleran mejor el malestar,
  • interpretan el esfuerzo de otra manera,
  • tienen motivos más claros para seguir,
  • y han aprendido a dialogar con la incomodidad sin que esta determine inmediatamente su conducta.

En resistencia, no siempre nos detenemos porque no podemos más. Muchas veces nos detenemos porque no queremos seguir pagando el precio que sentimos que el esfuerzo nos está cobrando. Y esa es, profundamente, una decisión psicológica.

Referencias

Pezzulo, G., Rigoli, F., & Friston, K. (2018). Active Inference, Homeostatic Regulation and Adaptive Behaviour. Trends in Cognitive Sciences, 22(4), 327–339. LINK AQUÍ

Clark, A. (2013). Whatever next? Predictive brains, situated agents, and the future of cognitive science. Behavioral and Brain Sciences, 36(3), 181–204. LINK AQUÍ

Marcora, S. M. (2010). Counterpoint: The Central Governor Model of Exercise Regulation Is Unscientific and Is Lacking in Empirical Support. Journal of Applied Physiology, 108(1), 154–155. LINK AQUÍ

Marcora, S. M., Staiano, W., & Manning, V. (2009). Mental fatigue impairs physical performance in humans. Journal of Applied Physiology, 106(3), 857–864. LINK AQUÍ

Marcora, S. M., Bosio, A., & de Morree, H. M. (2008). Locomotor muscle fatigue increases cardiorespiratory responses and reduces performance during intense cycling exercise independently from metabolic stress. American Journal of Physiology-Regulatory, Integrative and Comparative Physiology, 294(3), R874–R883. LINK AQUÍ 

Noakes, T. D. (2007). The central governor model of exercise regulation applied to the marathon. Sports Medicine, 37(4-5), 374–377. LINK AQUÍ

Brehm, J. W. (1999).The intensity of motivation. En D. Gollwitzer & J. Bargh (Eds.), The psychology of action: Linking cognition and motivation to behavior (pp. 197–218). New York: Guilford Press.

Jueves 23 de julio de 2026

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