Race Report – Maratón de Chicago 2026
Hay carreras que se corren con las piernas y otras que se corren con el corazón. Chicago, para mí, fue de las segundas. Llegué con ganas, con nervios y con toda la ilusión de vivir un Major, y me fui con mucho más de lo que esperaba, aunque no necesariamente en el reloj.

Parto por lo difícil: el calor. Fue un tema desde temprano y, siendo bien honesta, me jugó en contra. A medida que avanzaban los kilómetros se hacía sentir cada vez más y hubo que ajustar el plan sobre la marcha. Eso sí, hay que reconocerlo: la carrera estaba muy bien preparada para eso. Los puntos de hidratación, las esponjas y todo el apoyo de la organización hicieron que, dentro de lo que se podía, se llevara de la mejor forma.
Alrededor del km 20 apareció el famoso calambre, en la pantorrilla derecha. Ese momento en que piensas “ya, ¿y ahora qué?”. Por suerte había estaciones de masaje con Biofreeze en el recorrido y fueron mi salvación. Paré, me atendieron, y eso me ayudó muchísimo a poder seguir. No fue la carrera perfecta, pero sí una en la que aprendí a adaptarme y a no soltar.
Y ahora lo mejor: el ambiente. Es algo que de verdad cuesta explicar. De todas las carreras en las que he estado, creo que esta superó todas mis expectativas en cuanto a la energía de la gente. En cada kilómetro había familias enteras afuera, con comida, pañuelitos, agua, carteles y gritos de aliento. Y claro, yo me lo comí todo mientras corría: desde donuts hasta bagels. No me arrepiento de nada. Es imposible no contagiarse con esa energía; en los momentos en que el cuerpo pedía parar, la gente literalmente te empujaba a seguir.
Pero sin duda lo que más energía me dio fue tener a mis hermanas haciéndome barra en la mitad de la carrera. Verlas ahí fue como recargar pilas por completo. Y saber que, junto a mi sobrino y mi cuñado, me estaban esperando en la meta, hizo que cada kilómetro tuviera un propósito. Ya no corría solo por terminar, corría para llegar a abrazarlos.
A eso se suma todo el cariño que llegaba desde Chile: mi pololo, familia y mis amigas, full pendiente, siguiéndome por la app y mandando mensajes. Aunque estuvieran lejos, los sentí conmigo todo el camino.

Creo que al final la meta fue esa. Más allá del tiempo, del calor o del calambre, lo que me llevo de Chicago es todo el apoyo que sentí. Y con eso, yo gané.
Gracias a mi familia, a mi pololo, a mis amigas y a todos los que estuvieron pendientes de cada paso. Chicago: desafiante, caluroso, emocionante e inolvidable.
Por Catalina Frenck
Fecha de la carrera: Domingo 11 de octubre de 2026



