Race Report – Maratón de Sydney 2026
Desde muy pequeña siempre fui deportista. A los 11 años comencé en el mundo del tenis y, a medida que fui creciendo, empecé a interesarme por otras áreas. Pero en mi cabeza siempre estuvo esa vocecita diciéndome: “Si ellos pueden, ¿por qué yo no?”
Hace dos años y medio me mudé a Australia, específicamente a Gold Coast. En un inicio venía por un par de meses y luego, pues… decidí quedarme. Y aquí estamos, luchando por ello.
Entre los cambios de cultura, estar lejos de la familia, conocer gente nueva y luchar contra tu propia cabeza -que muchas veces se pone cuesta arriba- llegó el running a mi vida.
Comencé a practicar running de forma constante a fines de febrero de 2025. El inicio real fue para poder acompañar a mi pareja de ese entonces, a quien le gustaba mucho correr, pero a mí se me hacía difícil. Luego esa relación terminó y este mismo deporte se convirtió en una forma de sobrellevar la ruptura. Las vueltas de la vida, ¿no?
No pasó mucho tiempo hasta que el running se convirtió en mi refugio en todo ámbito.
Y lo más gracioso es que yo solía odiarlo. No podía correr tres kilómetros y ya quería que se acabara, a un ritmo aproximado de 7:30 min/km y en un plano bastante agradable, diría ahora jajaja.
La vida en Gold Coast te motiva mucho a tener un estilo de vida deportivo. Vayas donde vayas encuentras gente haciendo deporte. Ves adultos mayores con un físico y una disciplina envidiables, y ahí fue cuando esa voz apareció nuevamente:
“Si ellos pueden, ¿por qué yo no?”
En ese momento apareció Javier en mi vida. Lo conocí por la escuela de inglés y amigos en común. Yo sabía que estaba entrenando gente, así que le pedí ayuda para poder entrenar en serio. Fui clara: “No me gusta el running. Mi meta es poder disfrutarlo, correr más de 3K y no morir en el intento”.
Y así fue como comenzó mi camino. Javi supo cómo hacerlo y, a las pocas semanas, ya estaba disfrutando mis entrenamientos, conociendo gente nueva y aprendiendo a conocer mi cuerpo desde un ámbito diferente.
Un par de meses después llegó mi primera carrera oficial: los 5K de la Maratón de Gold Coast, en julio de 2025. Y con PB.
Emociones a mil. Mi familia apoyando a la distancia, mi prima y una amiga ahí en la meta, y la gente gritando por completos desconocidos como si fueran sus propios hijos. Muy lindo.
Es loco cómo las carreras te inyectan esa adrenalina, esa serotonina que te hace querer más.
No pasó mucho tiempo hasta que decidí inscribirme en la siguiente: mis primeros 10K oficiales en Cooly, en octubre de 2025. Para prepararme llegué por primera vez en mi vida a correr 16 y 18 kilómetros en mis entrenamientos.
¡Una locura! Jamás me lo imaginé. Estaba contenta y agradecida de mi cuerpo y mi mente por permitirme hacerlo.
Antes de participar en esa carrera ocurrió un gran acontecimiento: la Maratón de Sydney 2025. Uno de mis compañeros de entrenamiento participaba. Lo acompañé en un par de long runs, vi su trayectoria y seguí su momento de gloria a través de la aplicación.
Creo que él fue una gran influencia en mi decisión de entrar al ballot y ver si se me daba la posibilidad de poder correrla al año siguiente, en 2026.
La espera por los resultados fue eterna. En paralelo, seguía entrenando para los 10K de octubre. Corrí mis 10K y, sí, ¡con PB también! Estaba muy contenta, pero todavía seguía esperando esa otra respuesta…
Hasta que el 29 de octubre recibí la noticia: Quedé en la Maratón de Sydney.
Estaba emocionada y asustada, pero íbamos a por todo.
El camino hacia los 42K
Qué difícil fue encontrar un equilibrio entre trabajo, estudio, vida social y entrenamientos.
Mis amigos cercanos no son deportistas y no comparten ese estilo de vida conmigo, por lo que muchas veces se hacía más difícil coincidir. Muchas veces dije que no a fiestas, salidas o juntas por estar cansada o porque tenía que entrenar al día siguiente.
Es duro, pero tus metas son tus metas. Y es algo que tengo bien claro desde los 11 años. Sabía que poder lograrlo iba a depender principalmente de mí.
Y así fue como tuve días malos, re malos, buenos y otros en los que me sentía imparable.
El periodo -ciclo menstrual, Andrés, la ruler, como quieran llamarlo jajaja- es otro tema. Hay días en los que simplemente quieres ser un koala y dormir 20 horas calientita, y otros en los que eres otra tú, pero mejorada jajaja.
¡Otro detalle! También soy vegetariana.
Diría que es un estilo de vida bastante fácil de llevar en Australia por la variedad de comida, suplementos y alternativas que puedes encontrar, y eso me gusta mucho. Pero también era algo que tenía que considerar porque mis entrenamientos se volverían cada vez más duros y, pues, no podía comer solo huevito con pan…
Así que comenzaron los meal preps, proteína, suplementos, exámenes y todo lo que necesitaba. Y a darle.
A fines de noviembre del año pasado me comuniqué con Ricardo, quien se encargó inicialmente de mi preparación física, fuerza y prevención de lesiones. Un par de meses después tomó también el mando de mis entrenamientos de running.
Él está en Chile, por lo que la comunicación a veces no era la mejor y a mí se me olvidaba enviarle mis videos jajaja. Pero logramos hacer un plan de entrenamiento amigable con mi estilo de vida bastante pesado.
La verdad es que le estoy muy agradecida porque nunca me hizo sentir mal al respecto.
Había semanas en las que simplemente no tenía cómo meter un entrenamiento, u otras en las que sentía que tenía -10 de batería emocional y física. Entonces lo cambiábamos, lo reestructurábamos, lo manejábamos…
Pero no paramos. Hasta que llegó el día.
No voy a mentir ni romantizar cómo me sentí durante mi preparación, porque las redes sociales muestran una cosa, pero cómo te sientes y cómo lo pasas en la realidad es otra. Fue duro.
Preparar una maratón demanda mucho compromiso, responsabilidad y ganas.
Mis últimos meses fueron básicamente “descontar semanas”: quedan 20… 15… 10… 5… Hasta el último entrenamiento antes de la maratón.
La maratón
Dios, emociones a mil. Estaba en mi tercer día de periodo, experiencia: cero, y mi consejero de viaje terminó siendo ChatGPT, que bien sabe cómo fue mi entrenamiento jajaja. Así que le fui preguntando qué comidas me convenían más, qué cosas debía evitar, qué me recomendaba para esto o aquello…
Necesitaba ordenar mi cabeza porque no estaba pensando con mucha claridad. Tenía miedo y ansiedad, y tener al menos una app que me ayudara a poner un poco de orden me ayudó bastante.
Carga de carbohidratos, hidratación y descanso. Así fueron mis horas previas a este gran evento.
Mi prima y mis amigas corrieron la mini maratón y fue una inyección de felicidad y motivación verlas ahí, apoyándome y además participando. Son lo máximo.
Seguía avanzando el reloj, descontando horas, minutos… y llegó un video de mis papás y mi hermano desde Chile con carteles de “Vamos, que se puede”. Con el nudo en la garganta, las primeras lágrimas de emoción salieron sin aviso.
Quedaban segundos… Y comenzó. Tenía un plan dividido en fases y ritmos, adaptado a las subidas y bajadas. Estuve sólida hasta aproximadamente el kilómetro 24, incluso hice PB en mi media maratón.
Pero llegando al kilómetro 25 todo cambió. Comencé a sentir un cansancio un poco extraño y luego, sin aviso, llegaron los calambres. Pero no uno. Calambres bilaterales de cuádriceps. Mi mente se quedó en blanco.
¿Hasta aquí llegué? ¿Cómo voy a terminar si me estoy acalambrando y todavía me quedan más de 15 kilómetros?
Muchas dudas, frustración y pena. Las lágrimas no tardaron en llegar. Y en el kilómetro 26 comenzó mi verdadera batalla. Los calambres ya eran constantes. No podía dar dos pasos sin sentir que los músculos volvían a tensionarse.
Y ahí fue cuando la motivación empezó a llegar desde distintos lados: mensajes de amigos, familiares, desconocidos, la gente en las calles gritando y alentándote…
Realmente no dimensionan lo importantes que son en ese momento en que tu cuerpo te dice: “Hey, el suelo se ve bastante cómodo y suave… ¿y si nos dormimos una siesta?” A veces sentí que, si le daba la chance a ese pensamiento, de la nada me iba a desplomar.
Así que tomé cada grito, cada mensaje y cada beat intenso de mi música para poder seguir avanzando. Alternar entre caminar y trotar. Esa fue la estrategia para poder avanzar y completar la carrera.
Ya no podía contener las lágrimas de emoción, así que los lentes cumplieron también el rol de camuflaje jajajaja.
Cuando quedaba un kilómetro todavía sentía que era demasiado. La batalla no había dejado de ser dura y aún faltaba lo último…
Apareció el cartel de: 700 metros. Después: 400 metros. Y ahí: “Hey, tus entrenamientos de intervalos son de 400 metros. Conoces esa distancia. No es tanto, ya estás ahí. ¡DALE CON TODO!”
El último shot de energía. Y le dimos. Trotando hasta el final.

Fallas técnicas del teléfono no me permitieron grabar mi llegada, pero quedará en mi memoria: corriendo los últimos metros con la bandera chilena, las lágrimas que ya se habían secado y otras nuevas cayendo por mi cara, y una emoción y un orgullo hacia mi persona que no tienen precio.
¿Se han puesto a pensar en lo maravilloso que es el cuerpo y la mente? Chicos, yo corría tres kilómetros y no daba más.
Y hoy puedo decir que:
SOY MARATONISTA. En menos de un año de preparación.

Y sí, pude haber hecho muchas cosas diferentes, mejorar en muchos aspectos y probablemente esos últimos kilómetros no hubieran sido tan sufridos.
Pero eso no quita el hecho de que hoy pueda decir con orgullo:
Cumplí. LO LOGRÉ. Mi primera maratón. Mi primera Major. La primera mujer de mi familia en completar una maratón. Hey… Y si ella puede hacerlo, ¿por qué yo no? Gracias.

Francisca Hernández
Fecha de la carrera. Domingo 30 de agosto de 2026



