Nelson Sepúlveda: “Lima quedó atrás como el quinto capítulo del desafío Doce Maratones”#MaratondeLima2026 #RaceReport

Race Report – Maratón de Lima 2026

El quinto maratón del desafíoDoce maratones en doce meses” llegó en Lima, el 24 de mayo de 2026. 

A las 23:00 aterricé en el aeropuerto Jorge Chávez junto a la humedad limeña que golpeó de inmediato. Habíamos dejado Santiago cerca de los 10°C y acá, de noche, ya había 19°C y una sensación pegajosa imposible de ignorar. Afuera nos esperaba Giovanna, gritando entre la multitud: “¿Dónde hay un chileno?”. Y ahí comenzó esta aventura. Giovanna y su hermana Mercedes y su sobrina nos recibieron a ocho corredores en su casa con una hospitalidad inolvidable. Nos distribuimos en una pieza, sillones y un colchón inflable. Lima ya se hacía sentir: humedad constante, tráfico intenso y una ciudad viva incluso de madrugada.

Al otro día, el retiro de kit fue una fiesta del running muy bien organizado para la cantidad de personas en el lugar. Más de 20 mil corredores inundaban la ciudad. Ahí estaba también la zapatilla de Eliud Kipchoge recordando el histórico 1:59:40, símbolo de que los límites humanos pueden romperse. Después caminamos por Miraflores y Larcomar. Mi estrategia antes de un maratón ya no es correr: es caminar, observar, hidratarme y absorber el lugar. En esa caminata vimos el letrero del kilómetro 39. Al día siguiente volveríamos ahí, pero con 39 kilómetros en las piernas.

Intentamos dormir temprano la tarde anterior había que salir de madrugada hasta las oleadas de las partidas diferidas, pero fue muy difícil: fiesta en la casa vecina, un par de camiones, mototaxis y una señora gritando “¡Papas rellenas, papas rellenas!”. Así comenzó la noche previa al maratón. A las 3:00 AM salimos rumbo a la partida. A las 4:30 las calles ya estaban llenas. El aire tenía cerca de 80% de humedad y unos 17°C. La largada en Miraflores parecía casi una romería deportiva. Batucadas, música, corredores de diversas partes del mundo y el olor de las sangucherías peruanas mezclándose con el nerviosismo previo.

A las 5:30 exactos partimos con la oleada roja se sentía mucho la humedad, de inmediato a 1 kilómetro ya veo personas caminando. A los dos kilómetros ya estaba completamente empapado seguía a los globos de los pacer. Alcancé al pacer de 3:35 y traté de sostenerlo, aunque sabía que el verdadero desafío sería sobrevivir al clima y a la pendiente progresiva entre los kilómetros 21 y 31. El circuito avanzaba por largas avenidas, pasos bajo nivel y parques con esculturas. Lima aparecía gris, húmeda pero muy vibrante.

La ruta del maratón inicio con un falso plano hasta el kilómetro 7, luego en el kilómetro 8 ya girar y volver desde donde veníamos, al llegar al malecón de Larcomar e Miraflores apareció el Pacífico. La humedad había bajado un poco y el paisaje ayudaba a sostener el ritmo. La hidratación fue clave: agua e isotónico en cada puesto, más el apoyo increíble de la gente que regalaba frutas, dulces y bolsas con agua. Lima convierte el maratón en una fiesta callejera, pero no acepté nada que no llevara o nada fuera de la organización, cada 3 kilómetros agua e isotónico colaboraban mucho con la hidratación. Del kilómetro 22 al 31 comenzó el falso plano que había estudiado la noche anterior. Cada metro se sentía. Ya completamente mojado, entendí que detenerse era matar la carrera ahí mismo. Entonces ocurrió uno de esos momentos que hacen inolvidables las maratones: mientras pensaba que necesitaba hielo o una esponja fría, una corredora me rozó el brazo y me dijo: “Toma, si la necesitas”. Esa esponja helada en los gemelos fue un regalo de los dioses. Si bien el transito es caótico nunca tuvimos vehículos al lado como sucede por ejemplo en el maratón de Santiago en Américo Vespucio camino al kilómetro 30. Todo lleno de vallas y muy separados los corredores de los vehículos.

Las batucadas sonaban por toda la ciudad. Empresas, vecinos y familias convertían Lima en un estadio gigante a ratos barras completas de diversos países apoyando a sus connacionales. Resultó duro el maratón, en todos los puestos solicité isotónico y agua, parte de aquello lo bebía con el vaso doblado para no parar, y otra parte me lo echaba en la cabeza ya fuera agua o isotónico, mi polera blanca termino de un color roja-naranja. El trote a lo largo de Lima. Y cuando apareció el kilómetro 40, entendí que el sufrimiento ya tenía sentido. En los últimos dos kilómetros las vallas humanas empujaban un poco más que las piernas.

Vi el arco de meta y apuré el paso. Crucé en 3 horas y 43 minutos. Trece minutos más lento de lo esperado, pero después de tres días sin descansar bien y sobreviviendo a la humedad limeña, se sintió como una victoria enorme. El Maratón de Lima quedó atrás como el quinto capítulo del desafío Doce Maratones. Una ciudad húmeda, caótica y profundamente humana. Una carrera donde las calles históricas, el Pacífico, las batucadas y la hospitalidad peruana hicieron que cada kilómetro tuviera memoria. Ese día no solo cruzamos una meta: sobrevivimos juntos a Lima.

Por Nelson Sepúlveda Navarro

Fecha de la carrera: Domingo 24 de mayo de 2026 

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