Race Report – Maratón de Sydney 2026
Llegar a Sydney ya era un desafío. Estamos hablando de llegar al otro lado del mundo para correr 42,2 km… ¡no era precisamente la maratón de la esquina! Ni un largo más.

Lo hicimos con un grupo de amigos y nuestro coach de Teack62, Somos un grupo bastante viajero, y tenemos una gran excusa para seguir conociendo el mundo: las maratones.
Varios veníamos medio “averiados”, pero estábamos felices porque después de Tokyo 2024, cuando logramos la ansiada medalla de las Six Majors, podríamos haber dicho: listo, misión cumplida, pero ya sabemos que los maratonistas no somos muy buenos para quedarnos tranquilos…aunque habíamos dicho dedicarnos a las medias maratones, apareció un nuevo desafío: Sydney.
Si hay alguien que ha estado conmigo en todas estas aventuras es mi maridito, Rodrigo Q, él también corrió Sydney y consiguió su séptima Major. De hecho, creemos que quizás somos el único matrimonio chileno con las siete Majors… ¡Habrá que investigar!
Rodrigo siempre ha corrido conmigo, compartiendo kilómetros, viajes, madrugadas, entrenamientos, alegrías y también algún que otro sufrimiento. Esta vez, eso sí, Sydney decidió separarnos desde el principio: distintos corrales, distintos colores y distintas horas de largada. ¡Ni siquiera pudimos partir juntos!
A mí me tocó largar con mi coach, así que esta vez la aventura fue diferente. Además, llegaba con mis fantasmas de Londres 2022. Esa vez me deshidraté y no logré cruzar la meta así que ya sabía que siempre es una posibilidad no llegar, pero Sydney tenía también algo de revancha personal.
Esta vez sabía que tenía que correr con cabeza, cuidarme y, sobre todo, llegar a la meta, pero tenía otro foco mucho más importante.
Después de los sueños cumplidos por nuestros seis hijos, ahora venía un nieto en camino.
Así que esta Major tenía una nueva razón: que nuestro nieto o nieta, algún día sepa que sus abuelos ofrecieron esta séptima Major por él o por ella.
¡Todavía ni nace y ya nos está haciendo correr!
Y llegó el domingo.
4:00 de la mañana.
Nos fuimos caminando hacia la largada, todavía de noche, conversando de la vida y de todo un poco.
Me fui conversando con Gonzalo Zapata y, entre conversación y conversación, terminamos hablando de mis viajes y de las caminatas que he ido haciendo, especialmente de mis peregrinaciones a Santiago de Compostela.
Le conté también de este nuevo proyecto que estoy armando alrededor de los viajes, los caminos y todas esas experiencias que me apasionan.
Gonzalo me contó que hacer el Camino de Santiago era también uno de sus sueños y terminamos hablando del Apóstol, de los caminos y de esas cosas que uno va encontrando en la vida casi sin buscarlas.
En algún momento me dijo:
“No te va a pasar nada, estás iluminada” y lucha que me sirvió para empezar más confiada
Y seguimos caminando, hasta que, justo antes de llegar a la largada, me dijo otra frase que se me quedó grabada:
“Aquí no hay que arriesgar la medalla”.
Y ese fue mi pensamiento durante toda la carrera.
Esta vez no había que demostrar nada. Había que correr con cabeza, disfrutar y, sobre todo, llegar a la meta.
Partí con Francisco, el coach, y decidí disfrutar.
Sin desesperarme por el tiempo, sin intentar demostrar nada. Sydney tenía que ser una experiencia. Y así fue.
Partimos con frío, a las 6:40 de la mañana, y terminamos cerca de los 18 grados. Un día perfecto para correr.
La carrera es dura, con subidas y bajadas constantes, pero tiene algo que la hace muy especial: la ciudad.
Correr por distintos barrios, cruzar el puente, ver el agua, atravesar parques, mirar la ciudad desde otra perspectiva y sentir a tanta gente en las calles alentando… son de esas cosas que hacen que los kilómetros pasen de otra manera.
No vi banderas chilenas y eso se echó de menos… pero siempre aparece un chileno que te grita tu nombre y, pucha, ¡cómo ayuda eso cuando llevas tantos kilómetros!
Esta vez apareció Roberto, que me gritó y me dio ese empujón que uno necesita justo cuando las piernas ya empiezan a reclamar.
Pasaron cosas, como siempre pasan en una maratón. Momentos buenos, momentos difíciles, piernas que reclaman y una cabeza que tiene que seguir mandando.
No hice mi PB, hice mi PW jajajaa, pero esta vez me río feliz. Quizás también eso es madurar como maratonista: entender que no todas las carreras tienen que ser para correr más rápido.
- Algunas son para llegar.
- Para disfrutar.
- Para cuidar la medalla.
- Para mirar alrededor.
- Y para darse cuenta de todo lo que costó estar ahí.
Y yo crucé esa meta. Rodrigo también.
Los dos con nuestra Seven Majors.

Con todos nuestros amigos, nuestro coach, nuestros fantasmas un poquito más tranquilos, una ciudad maravillosa en el recuerdo y una razón nueva y preciosa para celebrar.
Y ahora, como buenos maratonistas viajeros que somos, toca disfrutar un merecido recovery en Bali.
Porque si hay algo que hemos aprendido después de tantas maratones es que correr 42,2 km es una excelente excusa para conocer el mundo… y también para quedarse unos días recuperando.

Quién sabe cuál será el próximo destino… porque al parecer todavía nos quedan muchos kilómetros, muchos caminos y muchas aventuras por recorrer.
Sydney, gracias.
Seven Majors. Un matrimonio. Una vida llena de kilómetros, viajes y aventuras.
Por Macarena Suárez
Fecha de la carrera: Domingo 30 de agosto de 2026



