José Esteban Martabid: “El Segundo que nunca voy a olvidar”#MaratondeSydney2026 #RaceReport

Race Report – Maratón de Sydney 2026

Después de haber completado los Six Majors en Londres el año pasado, Sydney apareció como una nueva oportunidad para seguir disfrutando de los grandes maratones del mundo. Esta vez viajé con mi señora a través de una agencia desde Chile; el día de mi carrera me acompañaron también mis cuñados que viven en Australia.

Llegamos 3 días antes para intentar adaptarnos a las 14 horas de diferencia con Chile. Mi objetivo era disfrutarla e idealmente volver a bajar las tres horas. Sydney es una carrera exigente, probablemente la más dura de las Majors por su altimetría, con incontables subidas y bajadas en el transcurso de los kilómetros. Sumando también el jetlag y el largo viaje desde Chile, no quería obsesionarme con una marca.

Pero Sydney rápidamente me sorprendió. Me enamoré de la ciudad. Con una imponente Ópera que se ve desde varios puntos de la ciudad, corrimos recorriendo la ciudad, recorrimos tres playas en ferry, bus, tren y metro; fuimos a varios parques, iglesias, barrios y disfrutamos de una ciudad que combina mucha agua, deporte, naturaleza y una geografía espectacular. Todo eso hacía que el domingo no fuera solamente un maratón, sino también parte de un viaje en pareja que ya estábamos disfrutando muchísimo.

El día de la carrera me desperté a las 3 am para estar a las 5:00 horas en el lugar de la partida, ya que mi largada era temprano. La organización de la carrera estuvo muy bien: Todo indicado correctamente, dividido en varios grupos para evitar aglomeraciones, la partida muy entretenida y puntual. La carrera comienza con una bajada pronunciada y a los pocos minutos ya estás cruzando el mítico Harbour Bridge, una imagen difícil de olvidar. Entre la emoción, la bajada y el nivel de los corredores que me rodeaban, cometí el clásico “error” de salir demasiado rápido.

Sin mirar el reloj, me encontré corriendo los primeros 10 kilómetros junto al pacer de 2:45. Sabía perfectamente que no era mi ritmo, pero las piernas estaban respondiendo y la adrenalina hacía difícil frenarse. Poco después tuve que parar al baño, perdí algunos minutos y al grupo. Para el medio maratón y con varias subidas en el cuerpo ya me había alcanzado el pacer de 2:50. A diferencia de otros majors más masivos, en este tramo hay menos gente en las calles y cuesta mantener la motivación y el ritmo. Pese a eso, comencé a ilusionarme con que si administraba bien las piernas, quizás podía hacer algo bastante mejor que las tres horas que había venido a buscar.

Mi gran apoyo durante toda la carrera fue mi “barra oficial”. La Rusia con Juanpi y Laura que se organizaron de una manera increíble para aparecer con su bandera de Chile en cinco puntos distintos del recorrido. Cada vez que los veía era como reiniciar la carrera y pensar solamente en llegar al siguiente encuentro.

En uno de esos puntos me acompañaron unos metros y me gritaron algo que terminó cambiando completamente mi carrera: Mi hija mayor, de seis años, que también se está iniciando en el atletismo y las corridas, me estaba viendo desde Chile y se había emocionado al verme pasar.

Desde ese minuto me propuse una meta que no estaba en mis planes: Romper la barrera de las 2 horas 55 minutos en honor a ella.

Sydney empezó entonces a mostrar su otra cara. Las subidas y bajadas se fueron acumulando y, después del kilómetro 35, las piernas comenzaron a sentir cada desnivel. En una de las últimas bajadas más pronunciadas viví una sensación que nunca había tenido corriendo una maratón: dejé prácticamente de sentir las piernas. Bajaba rápido, pero no sentía cómo apoyaba los pies. Recuerdo incluso haber gritado, entre dolor y susto, porque genuinamente pensé que quizás no iba a poder terminar. Cerca del km 40 apareció el pacer de 2:55. Me puse a su lado y le dije: “I’m staying with you. Please, don’t let me go.

Intenté seguirlo con todo lo que tenía. Pero en la última subida él se dio cuenta de que venía algunos segundos atrasado respecto de su objetivo y cambió violentamente el ritmo. No pude responder. Lo vi alejarse y por unos instantes pensé que el sub-2:55 se había ido con él.

Cuando finalmente, apareció la anhelada bajada hacia la meta, sabía que me quedaban apenas segundos para bajar de 2:55.

En los últimos meses había leído muchas veces que Sydney tenía una de las llegadas más lindas del mundo, ya que cuenta con la Opera House como telón de fondo. En medio del sufrimiento me obligué a levantar la cabeza, observar y vivir el momento. Quería guardar esa imagen.

Y entonces corrí. Miré el reloj y apreté todo lo que quedaba. Los últimos metros los hice a menos de 3:30/km, pensando en mi hija, en mi barra que me había acompañado por toda la ciudad y en todo el entrenamiento que había detrás.

Crucé la meta en 2:54:59. Lo logré por 1 segundo.

Había viajado a Australia pensando que bajar las tres horas sería un gran resultado y terminé consiguiendo mi mejor marca personal y rompiendo por primera vez la barrera de 2:55:00. Pero, curiosamente, lo que más recuerdo no es ese segundo de diferencia. Es el mensaje de mi hija desde Chile, a mi señora apareciendo una y otra vez en el recorrido, el miedo de aquella última bajada y el instante en que levanté la cabeza para mirar la Opera House antes de cruzar la meta.

Y Sydney todavía no había terminado.

Un par de horas después, con las piernas destruidas, cumplí una promesa que le había hecho a mi barra: hicimos juntos los casi 5 kilómetros del paseo costero entre Bondi y Coogee. Sufrí bastante más de lo que esperaba en las escaleras del trekking, pero valió la pena llegar a esa preciosa playa. Era nuestra manera de cerrar un viaje que terminó siendo mucho más que una maratón.

Me fui de Australia encantado con Sydney y su gente, y con una nueva mejor marca. Pero, sobre todo, con uno de esos recuerdos familiares que explican por qué seguimos corriendo maratones aunque, en algún momento del kilómetro 40, juremos que nunca más lo volveremos a hacer.

                  Por José Esteban Martabid

Fecha de la carrera: Domingo 30 de agosto de 2026

 

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