Priscilla Aguilar: “Mi camino hacia los 42K: una historia de sueños, convicción, esfuerzo y emociones”#MaratondeNuevaYork #RaceReport

Race Report – Maratón de Nueva York

Hace aproximadamente dos años y medio comencé a retomar el running, un deporte que me ha apasionado desde que era pequeña, pero que esta vez decidí vivir de una manera diferente: con mayor compromiso, disciplina, responsabilidad y, sobre todo, con un propósito.

Este camino comenzó de la mano de mi pareja, mi compañero de vida, con quien comparto tantas cosas, y una de las más bonitas es nuestra pasión por correr. Él fue quien me motivó e impulsó a reencontrarme con este deporte, sin imaginar todo lo que vendría después.

En este recorrido apareció también una persona fundamental: Roberto, mi coach, quien confió en mí desde el primer momento, incluso cuando yo todavía no sabía hasta dónde podía llegar.

Comencé retomando todo este mundo poco a poco, participando en carreras de 5K. Después vinieron los 10K, muchas carreras, entrenamientos, aprendizajes y pequeñas metas que se iban transformando en grandes desafíos.

Hasta que un día, sintiéndome preparada, decidí dar un paso más: ¡correr mis primeros 21K! Y lo hice sin siquiera pedirle permiso al profe Roberto.

Me atreví, confié en mí y lo logré. Y no solo terminé, sino que lo hice bien. Desde entonces, los 21K se convirtieron en mi gran desafío durante mucho tiempo.

Pero la vida, el universo o como cada uno quiera llamarlo, tenía preparado algo muchísimo más grande para mí. Algo que jamás imaginé que llegaría de esa manera.

Pero este año ocurrió algo verdaderamente mágico.

En abril participamos junto a mi pareja en los 15K de New Balance, en el Parque O’Higgins en abril de este año Sabíamos que durante esa carrera se sortearon dos cupos para participar en la Maratón de Nueva York 2026.

Y sí, ¡íbamos preparados! Hasta nos preocupamos de lavar nuestras zapatillas New Balance durante la semana para asegurarnos de correr con ellas ese domingo.

Lo que nadie sabía era lo especial y difícil que estaba siendo ese momento de mi vida.

Hace poco tiempo me había quedado sin trabajo y emocionalmente no estaba pasando por un buen período. Había incertidumbre, tristeza y muchas emociones que intentaba ordenar.

Aunque correr 15K ya no representaba una gran dificultad física para mí, ese día la carrera fue especialmente desafiante. Porque a veces el peso más grande que llevamos no está en las piernas, sino en el corazón y en la mente.

Recuerdo haber cruzado la meta sintiéndome profundamente sensible, con muchas emociones acumuladas.

Fue entonces cuando una amiga me preguntó:

—¿Y qué pasa si te ganas la Maratón de Nueva York?

Mi respuesta fue inmediata, sin dudas y con una convicción que todavía me emociona recordar:

—Si me gano esto, yo voy a estar allá.

Y en ese preciso instante ocurrió algo que nunca voy a olvidar.

Me vi en Nueva York. Me visualicé corriendo esa maratón.

No sabía cómo lo haría, de dónde sacaría los recursos ni qué circunstancias tendría que enfrentar, pero había algo dentro de mí que lo tenía absolutamente claro: YO IBA A ESTAR AHÍ.

Pasaron aproximadamente quince minutos y comenzó el sorteo.

Recuerdo perfectamente que me mentalicé. Tenía una sensación muy fuerte, una certeza difícil de explicar. Sentía que iban a decir mi número o el de mi pareja.

Y entonces ocurrió… ¡DIJERON MI NÚMERO!

Todavía me emociono al recordar ese instante.

Estallé en llanto, risas, gritos y una felicidad imposible de contener. Hay un video que guarda ese momento para siempre, donde se me ve saltando y celebrando como una niña pequeña que acaba de recibir el regalo más maravilloso del mundo.

Corrí hacia el escenario a recibir mi premio sin poder creer lo que estaba viviendo.

Pero en el fondo de mi corazón había algo que sí sabía: esto no era casualidad. Yo lo había soñado, lo había visualizado y, de alguna manera, sabía que ese sueño era para mí.

El verdadero desafío recién comenzaba

Ganar ese cupo fue solo el comienzo de una aventura que transformaría mi vida.

Porque prepararse para una maratón no significa solamente entrenar para correr 42 kilómetros.

Significa preparar el cuerpo, pero también la mente, las emociones y el espíritu.

Y si algo he aprendido durante este proceso es que correr una maratón es, en gran parte, una batalla mental. Me atrevería a decir que, para mí, el 70% de este desafío está en la cabeza.

Vinieron meses de muchísimo esfuerzo, disciplina, sacrificios y momentos que no siempre fueron fáciles.

Tenía que comenzar a entrenar de verdad para una distancia que nunca antes había corrido. Necesitaba fortalecer mi cuerpo, desarrollar musculatura y trabajar aspectos físicos que hasta ese momento no había preparado con la intensidad necesaria.

Y ahí, una vez más, Roberto y mi pareja fueron claves en este proceso preparatorio fue fundamental.

Me incorporé al Club de Atletismo Juan Ramsay lo que me permitió acceder a las instalaciones del Mario Recordón, en el Estadio Nacional. Eso fue clave para comenzar un trabajo de fortalecimiento muscular que necesitaba muchísimo.

Descubrí músculos que prácticamente nunca había trabajado. Aprendí que no bastaba con tener ganas de correr, que había que construir un cuerpo capaz de sostener ese sueño.

Y mientras mi cuerpo se fortalecía, mi mente también tenía que hacerlo.

Porque hubo días difíciles. Días de cansancio, de incertidumbre, de emociones encontradas y de tener que encontrar fuerzas incluso cuando las circunstancias no acompañaban.

Pero también hubo días maravillosos, pequeños avances, entrenamientos que me llenaban de orgullo y momentos en los que comenzaba a darme cuenta de todo lo que era capaz de conseguir.

No fue un camino fácil. Pero nunca dejé de creer que podía lograrlo. Y así, entre kilómetros, entrenamientos, sacrificios, lágrimas, aprendizajes y una convicción que se hacía cada vez más fuerte, fui construyendo el camino hacia uno de los sueños más grandes de mi vida.

Porque hoy entiendo que esta historia nunca se trató solamente de correr 42 kilómetros.

Se trató de volver a creer en mí. De descubrir mi fortaleza en medio de la adversidad. De aprender que los sueños no siempre llegan cuando todo está perfecto, sino que muchas veces aparecen precisamente cuando más necesitamos recordar de qué somos capaces.

Y, sobre todo, de comprender que cuando algo nace desde lo más profundo del corazón, vale la pena luchar por ello.

El 1 de noviembre de 2026 me esperaba Nueva York. Mi primera maratón. Mis primeros 42K. Un sueño que había comenzado mucho antes de llegar a esa línea de partida.

Y aunque todavía no lo sabía, todo lo vivido durante esos meses me estaba preparando para una experiencia que jamás olvidaría.

Quedé corta en mis expectativas, lo vivido el domingo es algo único que no representa esas casi 4 horas corriendo sin parar, el apoyo de las personas que están en todo el circuito es inimaginable que me hizo sentir que todo saldría bien, no podía sentirme más acompañada porque estaban mis hijos y mis padres a un WhatsApp de distancia y mi pareja con mi amigo que me esperaron en varios puntos de la ruta lo que se valora aún más en los últimos 10 km. Los puentes no representaron mayor dificultad como creía excepto el puente Willis entrando el Bronx que se hizo más duro.

Los últimos kms recordé que estaba viviendo el cúlmine de todo el proceso realizado, todas las emociones, dificultades , entrenar cansada, con frío, apurada dejando a mis hijos solos a veces para lograr el objetivo del día, el Uber que me pedía mi pareja para ir de la sala de musculación al colegio de mis hijos a buscarlos, etc.

Estoy profundamente agradecida de Dios y el Universo que me llevaron a esa soñada Finish Line, y de cada persona que hicieron posible poder viajar tranquila y cumplir el sueño de correr mi primera Maratón en menos de 4 horas en un circuito duro pero absolutamente fascinante, entendiendo porqué la TCS NYC Marathon es la Major más recordada de todas.

Priscilla Aguilar Fernández

Fecha de la carrera: Domingo 1 de noviembre de 2026

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