Race Report – Maratón de Nueva York

Antes de este 1 de noviembre, imaginaba esta carrera como un gran desafío. Llegué con demasiada información sobre el desnivel, los cinco puentes y sobre cómo, después del km 24, todo se pondría aún más difícil.
Si bien siempre tengo un objetivo de tiempo, esta vez solo quería terminarla y sentirme bien. Si eso venía acompañado de cumplir el «número», perfecto.
Pero la historia se fue construyendo paso a paso, km a km…
Partí nerviosa en el Verrazzano, tan imponente y majestuoso. Observarlo al amanecer será una postal imborrable en mi memoria.
Poco a poco fui entrando en ritmo, pero también tomando decisiones. Mi prioridad número uno siempre fue terminar una maratón feliz, y no iba a sacrificarlo por nada. Me enfoqué en eso, no en cumplir un ritmo. Miré poco el reloj, corrí a lo que mi cuerpo podía sostener, saqué mi camarita y comencé a registrar instantes que no quería olvidar. Otros no los grabé, pero sé que tampoco los olvidaré.
Por momentos, el ruido me aturdía (suelo entrenar sola y en silencio), hasta que entendí que esa energía sería la que me llevaría a vivir una gran maratón.
Por primera vez en una maratón sentí tanto dolor físico que me costaba correr. Pero la alegría de las personas me empujaba a continuar. ¡Y terminé amando el puente que más temía: el Queensboro! Esa sensación de estar ahí, atravesándolo, sabiendo que después me esperaba mi familia, me llenaba el corazón de emoción.
También fue la primera vez que me detuve en una maratón para abrazar a mi hijo. Esa fue mi recarga.
Después de eso tuve la certeza absoluta de que, aunque literalmente me dolía hasta el pelo, yo cruzaría esa meta como fuera.
Los kilómetros se pasaban rápido. Durante la carrera recibí cerca de 50 mensajes de ánimo de mi familia y amigas, que me fueron llenando el espíritu. Y llegar a Central Park fue una fiesta absoluta: escuchar los gritos de Colombia, de Chile, mi nombre y encontrarme con la tremenda barra que armaron mi esposo y mi hijo cerca del km 41 fue un verdadero batacazo de adrenalina. La energía que necesitaba para cerrar Nueva York con el corazón.

¿El tiempo? Fue mi segunda maratón más lenta, después de Chicago, donde corrí enferma. Pero, al mismo tiempo, Nueva York fue la maratón que me reafirmó el porqué corro.
Porque mientras recorro el mundo, lo conozco, lo acepto y lo quiero, estoy haciendo lo mismo conmigo: me recorro, me conozco, me acepto y me quiero cada día un poco más, y ahora qué se viene, cumplir mi sueño de conseguir mi six star, el primer semestre del 2027, haré Tokio y Boston, por lo qué, a descansar porque los sueños se construyen trabajándolos.
Lina Álvarez
Fecha de la carrera: Domingo 1 de noviembre de 2026


