Ana Ramos & Gonzalo Zapata: Ciudad del Cabo nunca iba a ser “una maratón más”#MaratonCiudaddelCabo2026 #RaceReport

Race Report – Maratón de Ciudad del Cabo 2026

Desde el momento en que llegamos sentimos que esta carrera formaba parte de algo mucho más grande. La ciudad, el ambiente, corredores de todas partes del mundo y toda la energía alrededor de la posibilidad de que África tuviera su primer Abbott World Marathon Major hacían que el fin de semana se sintiera histórico.

Kipchoge se encargó de recordárnoslo en cada evento en el que participó durante la semana. En el encuentro del Age Group Championship, en entrevistas, en redes sociales… el mensaje era siempre el mismo: África merece una Major. Y nosotros íbamos a formar parte de ese momento. Poco a poco nos contagiamos completamente de esa emoción colectiva y de la sensación de estar viviendo algo que podía marcar la historia del running.

Los días previos fueron una mezcla de nervios, ilusión y muchísima alegría. África tiene una energía contagiosa: gente amable, sonriente, cercana. Nos preocupaban un poco el viento de los días previos y las altas temperaturas, porque en Ciudad del Cabo el clima puede cambiar completamente la experiencia de carrera.

Hicimos rodajes suaves con Table Mountain de fondo por el Promenade Walk, paseamos por el Waterfront lleno de corredores, vivimos esa sensación tan especial que tienen las ciudades de maratón, donde parece que todo el mundo se mueve con el mismo objetivo… ¡y con la misma chaqueta!

La mañana de la carrera empezó muy temprano en Green Point, todavía de noche, mientras los corredores iban llenando las calles Había dos zonas diferentes y los corredores del Age Group salíamos desde la zona cercana a la playa, justo después de las sillas de ruedas y de la élite. 

La carrera empieza bordeando Green Point y Sea Point, con el océano y el amanecer iluminando poco a poco la ciudad. Ahí todavía las piernas van frescas y todo parece relativamente fácil. Se sigue hasta hacia Woodstock y Salt River, zonas mucho más urbanas e industriales, donde el ambiente se vuelve más auténtico y menos turístico. 

En Observatory y Mowbray el recorrido vuelve a transformarse. Aparecen calles más residenciales, árboles enormes, zonas universitarias y tramos donde por momentos parece que estás corriendo dentro de una ciudad completamente distinta, niños chocando manos y pequeños grupos de vecinos con improvisados avituallamientos

Y entonces, cuando menos te lo esperas, vuelve a aparecer Table Mountain dominándolo todo.

Es una maratón visualmente espectacular, pero también muy engañosa físicamente.

A nivel muscular nunca terminas de encontrar un ritmo totalmente estable porque el perfil es un constante sube y baja. No hay una subida imposible que defina la carrera, sino un desgaste acumulativo que va apareciendo poco a poco.

Todos los corredores anticipábamos la famosa subida del kilómetro 32, como si ese fuera el gran momento decisivo del recorrido. Pero la realidad es que no fue la peor parte. De hecho, los kilómetros 32 y 33, aunque en subida, se hacen bastante llevaderos porque atraviesan una zona con sombra, un parque con muchísimo ambiente y una energía increíble del público.

El verdadero desafío llega después.

Tras ese punto, el corredor tiene que volver a evaluar las fuerzas que le quedan para afrontar un final que sobre el papel parece favorable, pero que guarda una última sorpresita la ida y vuelta junto al paseo marítimo que se hace muchísimo más dura de lo esperado.

Los corredores que todavía van saben que aún les quedan unos seis kilómetros. Los que vuelven, ya cerca del 41, aparecen subiendo, apretando los dientes, la maratón no termina en el 40, Ni en el 41la maratón termina exactamente en el 42,195. Ni un metro antes.

En esa última ida y vuelta nos cruzamos.

A mí todavía me quedaban cinco kilómetros.

A Gonzalo solo uno.

Nos vimos, nos sonreímos y Gonzalo gritó: “¡Te amo!”

No hay tiempos ni medallas que puedan compararse con un momento así en el que quedó todo lo que había detrás de esa maratón: los entrenamientos, alguna lesión que otra, los viajes, las dudas, las ilusiones, los sueños y todo lo que correr nos ha regalado durante estos años.

Gracias, Cape Town.

Y además… ¡Kipchoge nos firmó nuestro polerón!.

Por Gonzalo Zapata & Ana Ramos

Fundadores The Running Clan

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