Como dramática Maratón he titulado a la que se corrió en los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, porque una vez más le tocó a esta prueba ser el plato fuerte y dramático, como lo sería en tantos Juegos, hasta que la técnica y el entrenamiento la convertirían en una carrera “casi normal”.
De entrada, hay que hacer hincapié en un hecho histórico, que echa por tierra una leyenda. Por primera vez la prueba se corrió sobre una distancia de 42,195 kilómetros, que luego la leyenda diría que era la distancia que recorriera Tersipo, el famoso guerrero Griego portador de la noticia victoriosa sobre los Persas, desde las ciudad de Maratón a la de Atenas el año 490 a.C. (La distancia real debió ser de 41,8 km).
La distancia aquella podría ser aproximada, pero la que ahora se da como histórica es exactamente la que hay entre el Palacio de Windsor y el Estadio londinense…
Pero, vamos a la carrera, en la que participaron 56 corredores. Entre los favoritos estaba el pequeño italiano Dorando Pietri, un maestro pastelero de Capri, que había ganado hace poco los 30 km de Paris, y el canadiense Tomas Longboat, un nativo de la tribu de los iroqueses del que se rumoreaba era profesional.
Longboat queriendo cumplir con los pronósticos de favorito, se puso durante media carrera a la cabeza del grupo, hasta que quedo sin fuerzas y abandonó. Según se dijo después por los efectos de las drogas que le había administrado su entrenador.
Derrotado Longboat, quedaron en cabeza el funcionario de cárceles sudafricano Charles Hefferson y el pastelero italiano Dorando Pietri. Pronto el primero dejo atrás al segundo, llegando a sacarle hasta 4 minutos de ventaja, pero a 6 km de la meta, Hefferson sufrió un desmayo, siendo rebasado por Pietri quien aceleró el ritmo al enterarse del problema del sudafricano.
Pero el italiano ha agotado sus fuerzas producto del esfuerzo y la deshidratación y el último kilómetro se convierte en un verdadero calvario para él… Y para el público.
El numero 19, con boina blanca, hace su entrada al estadio tambaleándose, e incluso inicia al revés la vuelta final a la pista. A los jueces les cuesta mucho hacerlo entender que su dirección es equivocada. Pero aquello es sólo el principio del angustiante espectáculo.
En los últimos 80 metros se cae tres veces ante la mirada atónita de los 75.000 espectadores presentes en el estadio. Las dos primeras, alentado por la gente y rodeado por los jueces, logra levantarse por sí solo, tambaleante como una marioneta. En la tercera, a sólo 15 metros de la meta, ya parece imposible que se reincorpore, justo cuando se escucha el griterío de la gente por la llegada del segundo atleta. Pero el griterío se transforma en indignación cuando se dan cuenta de quien viene a quitarle el podio al italiano es un ¡norteamericano!, eterno rival de los ingleses.
Entre un juez y un periodista (se dice que era Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes) ayudan a Dorando a levantarse y lo empujan materialmente hasta la meta, que cruza medio minuto antes que John Hayes que lo hace con un tiempo de 2h55m18s.
En tercer lugar llega el sudafricano Charles Hefferson (2h56m06s) y en cuarto el norteamericano Joseph Forshaw con un tiempo de 2h57m10s.
La bandera italiana del ganador fue izada en el mástil, pero los norteamericanos reclamaron, y los jueces no tienen más remedio que darles la razón y descalificar a Pietri.
Fue tan asombrosa la hazaña de Dorando Pietri que el periódico ingles Daily Mail y el propio Conan Doyle abrirán una colecta popular, y entregan a Pietri 300 libras esterlinas junto con una caja de oro para puros como premio. Además el deportista recibirá de manos de la mismísima reina Alejandra (cónyuge del Rey Eduardo VII) una copa de oro por su participación en los Juegos.
por Eduardo Cumplido Mayrock (Miércoles 29 de octubre de 2014)