Race Report – Maratón de Buenos Aires 2026
Esta maratón se comenzó a idear y materializar en noviembre de 2025. Estaba comenzando a volver a entrenar y terminar de recuperarme luego de correr la Maratón de Viña y con ganas de desafiarme aún más comencé a planificar mis objetivos deportivos para el 2026.
Me gusta vivir el día a día, pero también pensar en el mañana para tener un norte que me oriente hacia la vida que quiero tener.
Mi deseo principal fue correr 2 maratones en el extranjero durante el año. Buscaba agregarle un poco más de dificultad y épica al ya difícil proceso de preparar un maratón. También me ilusionaba crear viajes con propósitos, y qué mejor que con amistades en que cada uno va con su lucha interna en cumplimiento de su maratón. Para cada uno es un viaje con mucho significado, y es lindo poder vivirlo.
Comencé a revisar el calendario de maratones 2026: Fechas, ciudades, costos, presupuesto, logística, circuitos y también a soñar. Y luego de un par de días elegí Lima y Buenos Aires como las maratones que deseaba correr.
Y así, ya lo comencé a manifestar.
Fue divertido el hecho de que el día siguiente de correr en Lima, recién aterrizando en Chile, me agregan a un grupo de whatsapp «Fit 42k Buenos Aires», estaba recién asimilando lo que había sido Lima, con los síntomas y dolores musculares de un Maratón a tope y la vida ya me hacía pensar en Buenos Aires. Denme un break por favor jajaja
La preparación fue más corta e intensa que otros procesos. Quizás más complicada. Me sentía más cansado y nunca es fácil entrenar en invierno. Sentí que no fui mateo y detallista en general. Al inicio del proceso, motivado, iba sagradamente al gimnasio 3 veces, planificación con nutricionista y masajes de descarga regularmente, y luego llegado a la mitad y final del proceso me desordené con la rutina, comencé a darme más permisos y a conocer nuevas excusas.
Aun así, cumplí, y me sentía tranquilo y orgulloso. Confío mucho en la Isa (entrenadora), y también en mis capacidades y fortaleza mental. Además, creo que el universo conspirará a mi favor.
En la semana previa me costó asimilar que iba a correr un nuevo maratón en Buenos Aires. Vivía el día a día, y mi mente divagaba en la agenda del día, en el trabajo, en que iba a almorzar, en ver el atardecer con calma y observar cómo cada vez había más banderas chilenas flamantes alrededor.
Ese nerviosismo y ansiedad propio a días de la maratón, creo que no lo sentí como en otros procesos. Ahora bien, se sumó el ingrediente y dificultad de que iba a ver mucha humedad y calor el día de la carrera. Mala mezcla por haber entrenado en general en una ciudad con un clima seco y en invierno, pero no me estresa, el clima es algo que uno no puede controlar y el trabajo ya estaba hecho.
No había muchos nervios y eso me hacía ruido, pero a la vez es tranquilizador sentirse confiado. Aun así, sabía que iba a ser una maratón importante y especial. Añoraba recorrer las calles de Buenos Aires. Es una hermosa ciudad que me había entregado recuerdos inolvidables, me considero fan del rock argentino (gran acompañante durante el año), sigo atento el fútbol argentino y me enamoré platónicamente de una piba hace algunos años atrás jajaja.
Un par de días antes de volar, en un almuerzo familiar, cuento lo que se viene y en una jugada que no me esperaba, mi papá se pone a ver pasajes para acompañarme el domingo. Compra, invita a mi hermano, reserva hotel. Fue una linda sorpresa. Al final, no pudieron viajar, pero me quedo con la intención y ojalá me puedan ver cruzar la meta en otra oportunidad.
Llega el día de partir. 18 de septiembre. Estaba muy feliz de estar en Buenos Aires, aunque también deseaba estar en Chile, pero es el costo de oportunidad por cumplir sueños y valió la pena en un 1000%.
La ciudad nos recibe muy bien, nos comenzamos a aclimatar. Al día siguiente, vamos al banderazo/encuentro de chilenos con Mati y María Paz, conocemos el lugar de la meta y vamos a retirar el kit. Ya se comienza a palpitar la maratón y a estar manija.
Ese día manifesté que mi objetivo es disfrutar la maratón y que mi recuperación sea óptima. No voy a buscar tiempo y no me iba a arriesgar más de la cuenta corriendo rápido en busca de una marca si eso implicaba la posibilidad de desgarrarme o lesionarme.
Luego, antes de dormir, en mis reflexiones internas profundizó más el objetivo de esta maratón: tenía muchas ganas de sentirme vivo y presente. Me hacía ruido el tema de no sentirme tan nervioso antes de correr porque la maratón es algo potente en muchos sentidos y en honor a ello quería vivir una maratón como si fuera la primera vez. Buscar ampliar lo que siento y expreso mientras corro por las calles de Buenos Aires.
Así quería dedicarme a sentir mis pulsaciones, a ver el paisaje y contemplar los edificios icónicos de la ciudad, a escuchar la animación, a sufrir con el calor y la humedad, a sonreír y posar para los fotógrafos, a gritar un C-H-I cuando me encontrará con un grupo de chilenos, a bailar si se me daba la oportunidad, a alentar a los corredores en los kilómetros finales, a recordar porque estaba corriendo y que al final toda esa mezcla de emociones y sensaciones me hiciera llorar por lo que estaba viviendo.
Y algo así fue. Llegó el día. Comienza la rutina de lo extraordinario.
Salimos y el pronóstico del clima se cumplió a cabalidad. Nos juntamos como grupo. Foto juntos, arenga. Llegamos al punto de partida y se respira un ambiente de maratón. Mucha gente. Se percibe mucho público internacional (incluyéndome) de diversas edades. Cada uno con su historia, problemas y trayectorias. ¡Que bacán estar acá! La organización funciona bien ante la masa de gente que hay. Un poco pasada las 7 am nos toca largar. Comienza un nuevo maratón.
Voy con Víctor, un tipazo. Lindo coincidir. Cada uno vive su maratón personal. Mi cuerpo me responde mejor de lo esperado, gritamos muchos C- H – I en el camino, uno que otro chiste, empiezo asimilar lo que voy viviendo y sintiendo, dejo que mi mente divague y fue divertido que mientras corría iba pensando y darle estructura a lo que podría escribir en esta crónica. Me fijé en las nacionalidades de quienes están a mi alrededor, muchos brasileños, “meus irmãos, que são bons para ele joga bonito”, en sus camisetas y en las calles y avenidas que voy transitando. Me siento bien, aunque busco no apresurarme, lo ideal es buscar un ritmo crucero y eficiente.
La hidratación en carrera me sienta bien, y me gustó y favoreció que entregaran botellas de medio litro en vez de vasos. Van pasando los kms, y siento que voy corriendo de manera concentrada. No sé si en un estado de flow o meditativo, quizás es mucho decir, pero si me siento presente.

Llega el km 21 y si la carrera hubiera terminado aquí, sería algo feliz y disfrutado. Pero el maratón es como la vida misma, y tiene más forma de montaña rusa, por lo que luego del km 25, se comienza a intensificar el calor, el cansancio y las calles y avenidas comenzaron a sentirse más largas y ya no tenía ganas de gritar C-H-I.
Y está muy bien, es algo que también quería sentir. Uno corre con las piernas, cabeza y corazón y ya era momento en que la cabeza y el corazón se volvieran cada vez más protagonistas.
Comienzo a perder a Victor de vista y a transitar por lugares de la ciudad que nunca había estado. Comenzó a hacer mucho calor, sentía cierta fatiga y hacía cálculos de cuánto faltaba, que era poco en comparación a lo que llevaba, pero mucho a la vez.
Y así vamos haciendo el aguante, viviendo el maratón, es un sube y baja. Hay fatiga pero mucha fortaleza. Lo bueno es que no he bajado el ritmo. Visualizó también que llevo un buen tiempo, quizás logró bajar las 4 horas, aunque me da lo mismo.
Km 33, me voy sintiendo mejor. Y ya son menos de 10km. En menos de una hora estaré comiendo un plátano. Tengo ganas de terminar, y descansar, pero otra parte de mí, no lo quiere con tanta prisa, porque estoy viviendo una maratón personal.
KM 36 en adelante, creo que empieza la parte más desafiante del maratón, el calor no da tregua, me comienzo a agotar y el entorno no favorece nada. Pasamos por un paso nivel, un entorno portuario y luego un par de kilómetros como por una carretera sin sombra. Es la prueba final. El panorama es desalentador porque hay más gente acalambrada, caminando, agotada de la que a una le gustaría ver. Ya van más de 3:40 de carrera, intentó apretar un poco, pero no soy capaz, aun así, sigo corriendo y acercándome a la meta.
Me pongo muy feliz cuando veo que vamos dejando la carretera y tomamos el camino que nos lleva a la avenida donde está la meta. Asimilo que ya está, ya está, ya está, ya está. Creo que lo he logrado. Comienza a aumentar la masa de público, los gritos y las ganas de correr. Último kilómetro. Y a medida que me voy acercando, empiezo a llorar, me emocioné hasta las lágrimas. Es que es muy bonito el maratón.
Gracias vida por la experiencia. Muchas gracias Isa por el entrenamiento y por creer en mí. Y gracias y aguante team Buenos Aires, por la compañía y amistad. Queda en el corazón.

Luego de correr en Lima y Buenos Aires este año, creo que Maratón de Santiago tiene poco que envidiarle a dichas carreras. Es una gran carrera, con buena logística, la experiencia de retirar el kit es mejor en Santiago y la calidad de la polera también encuentro que es mejor, pagando la mitad del precio. El circuito y el clima es favorable para hacer un buen tiempo y la ciudad está bien conectada, por lo que espero que Santiago se valore más y siga creciendo, y ganando prestigio con el correr de las ediciones.
Han sido 4 maratones en 2 años. ¡Vaya viaje! Me pone contento también y agradecido en que no me haya lesionado en ningún proceso. Se han hecho bien las cosas.

Seguiré corriendo, espero hacerlo toda la vida, aunque quizás baje la intensidad con respecto al maratón por un tiempo. Será motivo de reflexión y planificación para el 2027 en términos deportivos. Quizás, también, me termine poniendo un desafío aún más ambicioso para el año que viene. Ahí vamos viendo. ¡Gracias totales!
Diego Vargas Romero
Fecha de la carrera: Domingo 20 de septiembre de 2026



