Race Report – Maratón de Nueva York
He tenido el privilegio de correr tres veces la Maratón de Nueva York. En la segunda conseguí mi mejor marca personal, con mi hijo mayor y mi mujer acompañándome en esa aventura. Fue una experiencia extraordinaria, de esas que uno guarda para siempre.

Pero esta tercera maratón fue, sin lugar a dudas, la más importante, significativa y emotiva de mi vida. Y no precisamente por el tiempo.
Hace algunos años llegué a pensar que nunca más podría correr. Ni siquiera trotar. Hubo momentos en que sinceramente creí que jamás volvería a desplazarme a una velocidad mayor que la de mis propios pasos al caminar.
Después de cirugías en la columna y siete años alejado del running, volver a enfrentar los 42,195 kilómetros de una maratón parecía un sueño prácticamente imposible. Fueron años de dificultades, recuperación e incertidumbre. Recién me decidí a volver a intentarlo en mayo de este año, con ayuda de mi entrenador de siempre….Martín Arias.
Y así, este 1 de noviembre, recién cumplidos mis 50 años, estaba nuevamente en Nueva York, preparándome para correr una de las maratones más extraordinarias del mundo. Esta vez no corría contra el reloj. Corría contra la idea de que había cosas que ya no podría volver a hacer.
Los días previos a la carrera fueron una mezcla difícil de describir: ansiedad, ilusión, nervios y muchas preguntas. Por más que hubiera entrenado y me sintiera preparado, era inevitable recordar todo lo vivido durante esos siete años.
¿Cómo respondería mi cuerpo después de tanto tiempo? ¿Aguantaría los 42 kilómetros? ¿Y si las antiguas lesiones volvían a pasarme la cuenta?
Había corrido antes esta maratón, conocía su exigencia y sabía perfectamente lo que me esperaba. Pero esta vez era distinto. No se trataba solamente de enfrentar la distancia, sino también de superar los temores que inevitablemente deja una experiencia de lesiones y recuperación tan prolongada.
Y llegó el momento. En ese instante comprendí que, independientemente de lo que ocurriera durante las siguientes horas, haber llegado hasta ahí ya representaba una enorme victoria.
Pero también sabía que no había esperado siete años solamente para estar en la partida. Había vuelto para demostrarme que todavía era capaz de llegar a la meta.
Nueva York tiene algo mágico. Sus calles, sus barrios, sus puentes y, especialmente, su gente, convierten esta carrera en una experiencia difícil de comparar con cualquier otra.
Mi mujer y mis dos hijas menores estuvieron acompañándome durante esta aventura y alentándome en distintos puntos del recorrido. Verlas aproximadamente a mitad y final de la carrera fue una inyección de energía indescriptible.
En esos momentos uno entiende que los logros más importantes de la vida son todavía más valiosos cuando podemos compartirlos con quienes más queremos.
Durante la carrera me sentí fuerte, cómodo y, sobre todo, inmensamente feliz de estar nuevamente ahí. No dejaba de pensar en lo extraordinario que era poder estar corriendo por las calles de Nueva York después de haber pasado tantos años creyendo que quizás nunca más podría hacerlo.
Crucé la meta en menos segundos que cuatro horas, pero, curiosamente, esta vez el cronómetro fue lo menos importante. Sentí una mezcla de felicidad, orgullo, alivio y una satisfacción personal enorme.
No solamente había completado mi tercera Maratón de Nueva York; había conseguido algo que durante años pensé que quizás nunca más podría hacer y mientras caminaba con mi medalla, recordando todo lo que había costado llegar hasta ese momento, comprendí que la mayor recompensa no eran las horas, los minutos ni los kilómetros recorridos……era haber recuperado algo muchísimo más valioso: la confianza en mí mismo y la posibilidad de volver a disfrutar de una de mis grandes pasiones.
Mi verdadero récord fue los siete años que me tomó volver a estar ahí.
Esta experiencia me dejó aprendizajes que trascienden completamente el running y que me gustaría compartir, especialmente con mis hijos y los demás que han sentido que su hora ya pasó, por las razones que sea…..que en la vida no siempre podemos elegir los obstáculos que enfrentamos, pero sí la actitud con que decidimos enfrentarlos; que la perseverancia no significa no caerse nunca, sino encontrar razones para volver a levantarse, que empezar a envejecer no significa empezar a despedirse de nuestros sueños, sino tener la madurez y la experiencia para valorarlos todavía más, y; que superarse no significa necesariamente correr más rápido, llegar más lejos o conseguir mejores resultados, sino simplemente atreverse a intentar nuevamente aquello que alguna vez creímos imposible.
Por supuesto, no todo depende exclusivamente de nuestra voluntad. También necesitamos tiempo, ayuda, recuperación, oportunidades y aprender a respetar nuestros propios límites, pero hay algo que sí depende de nosotros: no renunciar anticipadamente a descubrir hasta dónde podemos llegar.
Y hay una enseñanza que para mí tiene un significado todavía más profundo. A nuestros hijos podemos darles muchos consejos sobre esfuerzo, disciplina, resiliencia y perseverancia, pero el ejemplo siempre tendrá más fuerza que cualquier discurso.
Si esta maratón les deja algo, espero que sea la convicción de que vale la pena luchar por nuestros sueños, incluso cuando el camino se vuelve difícil, los resultados parecen lejanos y las circunstancias nos hacen dudar de nuestras propias capacidades. Que no permitan que una caída determine el resto de su camino y que entiendan que cumplir nuestros objetivos no siempre significa conseguir exactamente lo que habíamos imaginado, sino también aprender, crecer y descubrir de qué somos capaces durante el proceso.
Hoy miro mi medalla y no veo solamente una maratón. Veo siete años de espera. Veo las cirugías, la recuperación, las dificultades y los temores. Veo el esfuerzo de volver a empezar y, sobre todo, veo a aquel hombre que alguna vez pensó que nunca más podría correr, cruzando una de las metas más emocionantes del mundo.
A los 50 años no corrí Nueva York para demostrar que era el mismo de antes; corrí para demostrarme que todavía podía ser una mejor versión de mí mismo.
Nunca debemos confundir una pausa en el camino con el final de nuestros sueños.
Y a veces, aquello que un día parecía imposible termina convirtiéndose en la historia más hermosa que tenemos para contar.
Nueva York 2026 no fue mi maratón más rápida. Fue, por lejos, mi mayor victoria.

Daniel Ocqueteau
Fecha de la carrera: Domingo 1 de noviembre de 2026



