Consuelo Valdivia: “Sídney no es un recorrido para hacer tiempos fáciles”#MaratondeSydney2026 #RaceReport

Race Report – Maratón de Sydney 2026

A Sídney había venido hace 18 años, a algo completamente distinto: al Encuentro Mundial de Jóvenes con el Papa. Me quedé con muchas ganas de volver. Nunca se me pasó por la cabeza que la vuelta iba a ser corriendo 42 kilómetros… y que sería mi maratón número 10.

Se dieron las cosas y en noviembre del año pasado ya estábamos inscritos con Guille.

Nos vinimos una semana antes para adaptarnos. Aterrizamos en Melbourne e hicimos allá la semana previa. Fue genial. El jet lag fue duro (son 14 horas de diferencia con Chile) pero siento que en una semana logré adaptarme bien. Los últimos trotes los hicimos en Melbourne, que nos permitió conocer otra ciudad de Australia.

El viernes ya en Sídney fuimos a la Expo. Salió todo rápido y me encantó.

Muchas marcas australianas, todo bien organizado y ya se empezaba a sentir el ambiente del público australiano, que después en carrera me terminó de sorprender.

El día de la carrera, en el desayuno del hotel se sentía la vibra y los nervios. Todos con la misma cara, todos comiendo lo mismo a una hora en que nadie debería estar comiendo.

Con Guille nos separamos en el metro porque teníamos corrales distintos y se entraba por accesos diferentes. El metro iba lleno de corredores, las calles llenas de corredores y voluntarios guiándote, gente de todas partes del mundo a las cinco de la mañana yendo al mismo lugar.

En el corral ya llegaron los nervios de verdad. Pero sabía que había hecho el trabajo.

3-2-1- Let’s go Sydney

Sale eso en la pantalla y largamos.

El Harbour Bridge me tocó cruzarlo ya con luz. Fue genial. Muy emocionante correr por ahí. Pero también era justo el momento de tener la cabeza fría, porque la bajada del puente es la trampa clásica: la emoción te apura sin que te des cuenta y lo terminas pagando 30 kilómetros después. Me lo repetí todo el rato: “No dejes que la emoción te lleve”.

Creo que ahí se ganó la carrera. Y de ahí en adelante, lo que más me marcó fue la gente.

Público había en toda la carrera. No en tramos, no en los puntos obvios: en todos lados, de principio a fin. Los voluntarios australianos no estaban solo entregando vasos y cumpliendo su turno, estaban alentando. Te miraban, te gritaban, te celebraban.

Eso no lo había vivido así en ninguna otra carrera.

En Anzac Parade salían familias enteras a la calle. Choqué tantas manos de niños que perdí la cuenta. Es de esas cosas que no salen en el reloj pero que te empujan kilómetros enteros.

Venía preparada para que la subida del kilómetro 38 fuera durísima y la verdad es que me la había imaginado peor. Subida había, sí, pero estaba lleno de gente haciendo barra y el ritmo se mantenía casi solo.

Y después vinieron los últimos kilómetros. Desde que salí del Jardín Botánico hasta la curva, el ruido de la barra era impresionante. No se puede explicar bien. Te empuja, aunque no quieras.

Ya sabía que venía el Opera House. Tomé esa curva, lo vi… y fue una emoción enorme.

Miré el reloj y supe que había logrado ejecutar el plan que me había propuesto.

**3:43:51** PB por más de cuatro minutos, en una carrera que creía difícil, pero lo más importante es que disfruté la carrera.

Sídney no es un recorrido para hacer tiempos fáciles. Tiene muchas curvas, cambios constantes, subidas cortas repartidas justo donde más molestan. Es técnico. Pero es una carrera que vale 100% la pena. 

Y me lo llevo con todo lo demás. La ciudad a la que quería volver hace 18 años. Los voluntarios gritando. Los niños de Anzac Parade. El ruido de la barra en los últimos kilómetros. La curva donde apareció el Opera House.

Gracias a todos los que estuvieron en el proceso, a mi Equipo Road Runners (Pablo e Ingrid), a mi Kine Cesar que junto a todo el equipo de You Just Better logran siempre mantenerme sana (cómo digo yo física y mentalmente) y en especial a Guille que es mi compañero de vida y kilómetros, quien también corrió su maratón número 10.

Consuelo Valdivia

Fecha de la carrera: Domingo 30 de agosto de 2026

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