Race Report – Maratón de Milán 2026
Como chileno-italiano con doble nacionalidad y familia en Génova, cuando hablo de Italia como mi segundo hogar no es un eufemismo. Correr en Italia siempre había estado en mi lista, pero por diversos temas nunca había podido correr en la tierra de mis abuelos. El principal tema era burocrático: Te pedían tanto certificado que me fastidiaba para luego espetar “¡Qué diablos! mejor corro en un país donde solo pidan firmar un “descargo de responsabilidad” como en el 99% de las maratones mundiales, no me jodan ¡Que viva la libertad, carajo!
En fin, luego de exámenes de rutina y con certificado médico en mano ¡por qué no correr en Italia ahora! Tenía planificado un viaje por la familia a Italia y España, luego pensé, siempre que viajo allá aterrizo en Milán ¿En qué topamos con aprovechar de correr allí antes de la visita familiar? ¡Listo! finalmente me inscribí para vivir mi experiencia italiana lombarda.
En contexto, luego de correr Viña 2025 quedé drenado. Me costó mucho empezar un nuevo ciclo de entrenamiento. Cada vez que se acercaba Año Nuevo me decía “tienes que empezar el programa en enero” y me daba una lata tremenda. Milano sería mi maratón número 30, la décima en los últimos 5 años, dos por año se hacen sentir y por cierto el carnet tampoco ayuda. Con más de 50 años los volúmenes de entreno bajan sin proponérnoslo, diría hasta naturalmente, súmenle la baja en motivación y verán que no resultó fácil preparar esta carrera. Surgieron pensamientos como ¿Para qué corro?, ¿Es relevante en mi vida correr maratones?

Así las cosas, entrené en modo flotación durante enero, febrero y marzo. Es decir, realizando la pega (¡en qué momento esto pasó a ser “pega” y no un hobby!), pero sin emoción, casi por compromiso. Siempre me repetía “los mejores atletas entrenan tanto cuando se sienten genial como cuando se sienten fatal, es la consistencia la que permite la excelencia”, el problema es que casi no tuve días geniales. Hablé con mi coach, tiramos líneas nuevas, eliminamos los trabajos de velocidad e incluimos un microciclo extra de umbrales lo que resultó refrescante, este estímulo fue la sal de mi insípido macrociclo ¡Gracias Isaac!
Más que correr Milano me hacía mucha más ilusión ir a Valencia a ver a mi nieta, a quien no veo desde hace 16 meses que ir a correr. Y de repente se me cruzó por la mente una canción de la delirante y juvenil película argentina Tango Feroz (1993) “Pero el amor es más fuerte” y comencé a darme cuenta que uno se nutre del amor, que la motivación y el sentido de nuestros actos surge del amor hacia y desde las personas que te importan, así como del cariño que le ponemos a nuestras actividades profesionales, o a nuestros hobbies. Me di cuenta que le había dado mucho a mi hobby, el correr maratones, y no me estaba retribuyendo el amor empeñado. En palabras simples, necesitaba desconexión y ordenar mis prioridades. Tomé Milano como un hito: Maratón 30 y basta, pausa hasta que vuelva a tener ganas de maratón.
La ciudad de Milán siempre me había parecido fome. Las veces que he venido solo giraba por el área del Duomo, Castillo Sforzesco y la Estación Milano Centrale. Me alojé a una cuadra del Politécnico de Milán, barrio universitario con vida universitaria, mucha juventud, cafeterías y alguno que otro bar lleno de estudiantes, ayudantes y profesores. Esa vibra juvenil optimista, la vasta visión de futuro, me resultaron muy reconfortantes, pero a la vez ajenas, lejanas.
Volviendo a la carrera fui por mi número de pectoral a la Expo. Muy piola, la de Santiago le da cancha, tiro y lado. Hice la carga de carbohidratos que aquí, con el risotto y sus pastas, resultó maravillosa. Hasta que llegó mi “día de la liberación”.
Tomé el metro desde el Politécnico a la estación de Cadorna, donde estaban los buses guardarropía, de allí caminé un kilómetro hasta la partida en Corso Sempione. Encajonado en el 2º Corral detrás de los atletas elite me senté en pavimento mientras esperaba por unos 20 minutos. Son tres oleadas de 5.000 maratonistas, salen cada 15 minutos y luego hay una cuarta oleada con los equipos de relevos. Suena el himno italiano de Godofredo Mameli ”…Fratelli d’Italia, L’Italia si adesta…” (por cierto, autor genovés). Cuenta regresiva, “Tre, due, uno e andiamoci!!”

Los primeros 10km son planos hasta llegar a Navigli (área con canales fluviales comerciales que conectaban Milano con los Lagos Maggiore y Como) Luego un falso plano hasta el 18K donde se sube a una autopista para luego rodear el Hipódromo, en este punto aprecié la magnífica escultura en bronce “Gran Caballo”, la más grande del mundo de un equino, diseñada por Leonardo Da Vinci en 1499 (hijo ilustre de Milano donde trabajó para su mecenas, Federico Sforza por 20 años) y realizada en 1999. Se sigue con suave bajada hasta el 24K en el estadio de San Siro, área poco urbanizada bastante verde, pero sin gente.

En mi mente estaba llegar al 30K donde sabía empezaba un descenso suave pero constante hasta la meta. Los primeros 15 kilómetros los hice a ritmo objetivo 4:31-4:33m/km. Mi idea era estar en rango conservador para un 3h11m-3h12m y así darme la chance de un 3h10m. Si bien mi pulso estuvo siempre controlado, ya en el 17K mis piernas me empezaron a alegar, cosa que nunca antes me había ocurrido. Obligado por la suave subida del 24K al 30K bajé el ritmo ostensiblemente a 4:40-4:45m/km. Entre los geles de cafeína y la esperanza del descenso me mantuve firme y luego al volver a la zona urbana en el 30K hice otro movimiento impensado: empecé a rematar a falta de 12 kilómetros. Mi pulso subió, pero no me agitaba, las piernas estaban adormecidas, pero respondían.

Empecé a pasar corredores y cuando soplaba mucho viento me parapetaba tras quienes me precedían para luego saltar al siguiente grupo. Lo peor eran los adoquines, cada cruce de avenidas estaba conformado por grandes adoquines más rieles de tranvía, tuve que mantener mucha concentración. En el 35K ingresamos al moderno barrio de City Life con sus tres icónicas torres: La recta, la curva y la torcida.

En el kilómetro 37 tocó ripio pues atravesamos el bello parque Sempione detrás del Castillo Sforzesco, para luego completar los últimos 5km en la zona céntrica. Aquí el pulso ya estaba por las nubes pero extrañamente no estaba agitado, seguí aumentado el ritmo hasta los 4:24-4:26m/km. Veía posible un 3h12m pero no contaba con las curvas, los adoquines y el tráfico de maratonistas. Me las ingenié para mantener un ritmo elevado concentrándome en mantener mi forma y aumentar la cadencia.

Cuando finalmente en San Babila veo el letrero de 41K le meto en serio a 4:15m/km, ya no iba a ser 3h12m pero no quería que se me escapara el 3h13m. Últimos 200m con la galería Vittorio Emmanuelle a mi derecha y el Duomo a mi izquierda, alfombra fucsia, levanto los brazos, girando las manos en celebración y cruzo la meta en 3:13:39. Requete conforme, no tanto por mi crono como por haber repuntado y ser valiente para decidir rematar tan anticipadamente, aprovechando el suave descenso.

Me dieron mi medalla, y me fui raudo a los buses en Cadorna junto al Castillo Sforzesco, harto lejos caminé poco más de un kilómetro pero estaba tan sereno que disfruté cada paso, repasando mi desempeño en el camino. Ya en los buses guardaropa otra sorpresa ¡Estaba la Pauli! Nos íbamos a juntar en metro Cadorna junto a la pintoresca y moderna escultura “Aguja, Hilo y Nudo” pero ella me fue a buscar ¡Y me encontró!

Volvimos al hotel, ducha, un panino de prosciutto y parmiggiano, siesta larga y en la tarde noche nos fuimos al Marathon Party en el Doppio Malto, bar de cervezas artesanales en Piazza del Duomo. Lleno de corredores de múltiples nacionalidades (¡hasta un japonés luciendo su medalla en yukata!), DJ, música, pizza y hamburguesas all you can eat más dos merecidas cervezotas que me dejaron contentillo y mareado.

Ya de vuelta en mi amada Génova, sigo pensando que en el transcurso de 2026 he recibido muchas muestras de amor de amigos, familiares e incluso pacientes. Rememoré las innumerables ocasiones en que me pregunté “Quo Vadis” (a dónde vas) y tras mi experiencia milanista la respuesta que he encontrado es: “Donde el corazón encuentre calidez para recibir y, ciertamente, dar”.

Por Adrián Rodríguez
Fecha de la carrera: Domingo 12 de abril de 2026



