Race Report – Maratón de Nueva York
Todo partió en noviembre de 2024, cuando fuimos a hacerle barra a un amigo chileno que estaba corriendo la Maratón de Nueva York. Estábamos en la bajada del Queensboro Bridge, viendo pasar a miles de corredores, y me acuerdo perfecto de lo que sentí. El ambiente era simplemente eléctrico. La energía de la gente, los gritos, la emoción de los corredores… Fue en ese momento que pensé: Algún día quiero correr esta carrera. Y así, casi sin darnos cuenta, nació este sueño.

Con Nacho decidimos que lo íbamos a intentar y nos inscribimos en el programa 9+1 de NYRR, la organización que está detrás de la maratón. Para los que no lo conocen, consiste básicamente en correr 9 carreras oficiales y hacer un voluntariado durante el año para asegurarse un cupo en la maratón del año siguiente. Y así fue como, carrera tras carrera, nos ganamos nuestro lugar en la línea de partida de la NYC Marathon 2026.
Pero conseguir el cupo era solo el comienzo. Ahora venía el verdadero desafío: prepararnos para correr 42,2 kilómetros.
Yo llevaba muchos años sin correr, así que sabía que la disciplina, la constancia y, sobre todo, tener a alguien que supiera guiarnos iban a ser fundamentales. Así fue como conocimos a la Vale, quien nos ayudó a planificar todo el entrenamiento y nos acompañó durante este proceso que comenzó oficialmente en abril.
¡Y qué proceso! Fueron meses de levantarse temprano, correr con frío, calor, lluvia, hacer fondos cada vez más largos y aprender muchísimo sobre nuestros cuerpos. También tuvimos nuestros buenos sustos: dolores de rodilla, shin splints y algunas molestias que por momentos nos hicieron preocuparnos. Pero con la ayuda de un buen fisioterapeuta, paciencia y muchísimo trabajo de fuerza (que creo que fue una de las grandes claves de todo este proceso), logramos ir superando cada obstáculo y llegar preparados al gran día.
Y así, casi sin darnos cuenta, llegó el 1 de noviembre de 2026.
Tuvimos además la suerte enorme de que tanto mis papás como los papás de Nacho viajaron desde Chile para acompañarnos. Les armamos todo un itinerario para que pudieran vernos en distintos puntos del recorrido, aunque sabíamos que no iba a ser fácil moverse por la ciudad con los cerca de 2 millones de personas que salen a alentar a los corredores.
Y entonces llegó el momento de partir.
Me cuesta mucho explicar lo que se siente estar arriba del Verrazzano Bridge, rodeada de miles de personas que están a punto de cumplir el mismo sueño. Mirar hacia adelante, ver el puente lleno de corredores y saber que después de tantos meses de preparación finalmente estábamos ahí… creo que se me llenaron los ojos de lágrimas antes de siquiera empezar a correr. Y de ahí en adelante, fue una fiesta.
Brooklyn se ganó por lejos el premio al mejor borough de toda la maratón. ¡Qué manera de tener gente! La energía era impresionante. Creo que Nacho pasó prácticamente todos esos kilómetros haciendo high fives con cuánto espectador se encontraba jajaja. Yo, por mi parte, había puesto mi nombre en el bib, así que cada pocos metros escuchaba a alguien gritando “¡Go Mariana!” o dándome palabras de ánimo. Es difícil explicar cuánto ayuda eso. Personas que no te conocen, pero que por unos segundos te hacen sentir que están corriendo contigo.
La segunda mitad de la carrera fue otra historia. El Queensboro Bridge, First Avenue y después Fifth Avenue se hicieron sentir. Las subidas parecían eternas y a esas alturas las piernas ya empezaban a pasar la cuenta. Los últimos 10 kilómetros fueron especialmente duros. El cansancio muscular era enorme y había que seguir avanzando incluso cuando las piernas ya no querían cooperar.
Pero ahí estaba nuevamente la gente, empujándonos con sus gritos, sus carteles y su energía. Y creo que eso es lo más especial de esta maratón: Nueva York realmente corre contigo.
Cuando finalmente entramos a Central Park sentí algo que no esperaba: un segundo aire. Sabía que ya quedaba poco, que todo el trabajo estaba hecho y que solo faltaba llegar. Me mentalicé en disfrutar esos últimos kilómetros y dar todo lo que me quedaba. Después de correr prácticamente toda la carrera juntos, en el último kilómetro decidí acelerar y cruzar la meta con las últimas energías que tenía.
Y entonces… la meta
No hay muchas palabras para describir ese momento. La emoción, el orgullo, el alivio y la felicidad de saber que lo habíamos logrado. Imposible no llorar.
Me había puesto como objetivo terminar entre 4:30 y 4:40 horas, y terminé en 4:34. No podría haber pedido más. Para mí fue, literalmente, la maratón perfecta.
Después vino la famosa caminata eterna para salir de Central Park, recoger nuestras cosas y finalmente reencontrarnos con nuestras familias. Estábamos agotados, adoloridos, pero increíblemente felices.
Y como si la experiencia no hubiera sido suficiente, al día siguiente nos dedicamos a aprovechar todo lo que el famoso Medal Monday tenía para ofrecer. Hamburguesas gratis, grabados de nuestras medallas, helados y hasta una visita al mirador Edge. Todo mientras caminábamos por Nueva York luciendo nuestras medallas con un orgullo difícil de disimular jajaja.

Y así terminó una aventura que había comenzado casi un año y medio antes, con una idea que nació mientras alentamos a alguien más desde la vereda.
Me quedo con tantas cosas de este proceso. Con la disciplina que construimos, con haber aprendido a confiar en nuestros cuerpos, con todas esas mañanas de entrenamiento, con la gente que nos ayudó en el camino y, sobre todo, con haber compartido esta experiencia con Nacho de principio a fin.
New York, you were everything.

Mariana Traipe
Fecha de la carrera: Domingo 1 de noviembre de 2026



