Race Report — Maratón de Buenos Aires 2026
Mi historia con esta maratón comenzó mucho antes de cruzar la línea de partida.
Todo empezó a fines de diciembre de 2025, cuando se abrieron las inscripciones para la Maratón de Buenos Aires. Venía de un año deportivamente difícil, con una fractura en la mano y una lesión que me habían obligado a bajar el ritmo y recién estaba retomando el running.
Ya había corrido dos medias maratones y desde hacía tiempo tenía un sueño: correr una maratón. Incluso había querido que fuera durante 2025, pero finalmente no se pudo. Para Santiago 2026 tampoco llegaba con la preparación necesaria, así que me había inscrito en la media maratón.
Y ahí apareció Buenos Aires. Pensé: ¿y qué tal Buenos Aires? Aprovecho de volver a esta ciudad hermosa con mi pareja y, de paso, corro una maratón jajaja. Además, había visto a varios chilenos que viajaban durante la semana de Fiestas Patrias para correrla. Le pregunté a mi entrenador, Gino, y me dio el GO inmediatamente. Me habló de lo buena que era la carrera y no lo pensé demasiado: Me inscribí.
Y comenzó el camino hacia mis primeros 42K. Primero corrí la Media Maratón de Santiago y, después de eso, comenzamos oficialmente la preparación. Y tengo que decirlo: no fue un camino fácil. Tuve muchos altos y bajos. Desde mayo empecé con kinesiólogo por una tendinopatía de pata de ganso, que con el tiempo fue mejorando. Pero cuando comenzaron los entrenamientos largos, sobre los 20 kilómetros, apareció otra lesión: el glúteo medio.
Ahí fue donde realmente tuve miedo. El dolor se sentía en la cadera y por primera vez pensé seriamente si iba a poder llegar a los 42K. Los últimos meses trabajamos muchísimo esa zona junto a Ángel, fortaleciendo y recuperando para poder llegar a la línea de partida. Paralelamente, empecé un trabajo con nutrición para bajar de peso sin perder masa muscular. Y mirando hacia atrás, fue una excelente decisión, porque también pudimos trabajar la alimentación e hidratación que tendría durante la carrera.
Después de meses de entrenamiento, lesiones, madrugadas, kilómetros y dudas, finalmente llegó la semana de la carrera.
Me vine a esta hermosa ciudad de Buenos Aires junto a Nico, mi pareja, que siempre me acompaña en mis locuras.
Estaba demasiado ansiosa y nerviosa por que llegara el día, pero también tenía una tranquilidad: el trabajo ya estaba hecho.
El día de la maratón
El despertador sonó a las 3:45 de la mañana. Desayuné mi vieja confiable: tostadas, mantequilla de maní y plátano. Nos preparamos y nos fuimos hacia la largada.
Ya en el corral, entre los nervios y la emoción, solo tenía un pensamiento: “Tengo que terminar. Tengo que cumplir el sueño de ser maratonista”.
Había otra cosa que me preocupaba: la humedad. Eran apenas las 6 de la mañana, estaba con peto y short y prácticamente no tenía frío. Y efectivamente, el calor y la humedad terminarían siendo uno de los grandes protagonistas de esta carrera.
Pero partimos. Y partimos muy bien. Los primeros kilómetros fueron una verdadera fiesta. Pasamos por lugares icónicos de Buenos Aires: el Teatro Colón, el Obelisco, la Casa Rosada, La Bombonera… todo acompañado por una cantidad increíble de gente alentando. Disfruté cada kilómetro. La primera mitad pasó casi sin darme cuenta. Sentía que todo estaba saliendo perfecto y que estaba viviendo exactamente la experiencia que había imaginado durante tantos meses.

Llegó el kilómetro 30 y empecé a bajar un poco el ritmo, unos 10 a 15 segundos, pero seguía firme. Incluso tuve cabeza para grabar algunos momentos para mi vlog.
Hasta que llegaron los kilómetros 31 y 32. El sol estaba de frente y el calor, sumado a la humedad, comenzó a sentirse de verdad. Fue sofocante.
Llegando a la Reserva Ecológica Costanera Sur, uno de mis lugares favoritos para correr en Buenos Aires por todo ese pulmón verde, sentí que necesitaba ayuda.
Llamé a Nico y le dije: “Ven al lado mío. Acompáñame hasta la meta.”
Y fue exactamente el apoyo que necesitaba en ese momento. Porque ahí empecé a dudar de mí.
Agarré el agua que todavía me quedaba de la estación anterior y me la tiré encima. Necesitaba bajar la temperatura como fuera. Sabía que tenía otro punto de hidratación en el kilómetro 35, así que tomé fuerzas y seguí. No paré.
Pero en algún momento entre el kilómetro 37 y el 39, ya ni siquiera sé exactamente cuál jajaja, apareció un paso bajo nivel que me mató. Tuve que caminar.
Y ahí entendí realmente lo que significa correr una maratón. El cuerpo está llegando al límite y la cabeza empieza a jugarte en contra. Vi a muchísima gente pasándolo mal en esos kilómetros. Algunos caminando, otros tratando de recuperarse, todos luchando por llegar.
Pero había algo que no paraba: La gente alentando. Cada grito, cada aplauso y cada palabra de ánimo te empujaba un poco más. Y a eso se sumaba Nico, que seguía ahí conmigo, acompañándome cuando más lo necesitaba.
Y entonces pasó algo que todavía me cuesta explicar. En uno de los momentos más difíciles, apareció un verdadero ángel.
Al comienzo de la carrera me había encontrado con una persona. Nunca le vi la cara. Solo recuerdo que en la espalda de su polera decía su nombre: Marcos.
Ese es el nombre de mi papá, que falleció hace 13 años. No sé si fue casualidad, una señal o simplemente una coincidencia. Pero en ese momento lo sentí como un mensaje para seguir. Y seguí.
Llegó el kilómetro 41. Ya quedaba prácticamente nada. La cantidad de gente aumentaba y el ruido era impresionante. Todos alentando, empujándote a terminar esos últimos metros.
Y ahí ya no sé cómo explicarlo. El orgullo, la emoción, el cansancio, los meses de entrenamiento, las lesiones, las dudas, los madrugones… todo pasa por tu cabeza en segundos.
Se me llenó el corazón y, con los ojos llenos de lágrimas, finalmente crucé la meta. Y sí… lo hice llorando. No podía más de felicidad.
Lo había logrado. Era maratonista.
42,195 kilómetros después, ese sueño que había comenzado tantos meses atrás finalmente era una realidad.
Sin duda fue una carrera difícil. El calor y la humedad hicieron que los últimos kilómetros fueran muchísimo más duros de lo que imaginaba. Pero poder recorrer una ciudad tan linda como Buenos Aires de esta manera, pasando por sus lugares más icónicos y sintiendo el apoyo de tanta gente, hizo que todo valiera la pena.

Después de la meta, ahora solo puedo decir: gracias totales. Gracias a todos los que fueron parte de este proceso y que me soportaron durante estos meses jajaja.
A mi entrenador Gino y Ángel por ayudarme a lograr esto, a Meli mi nutri por acompañarme en todo el proceso, a Nico mi amor por estar siempre ahí presente y, por supuesto, a todos los que de alguna u otra manera me dieron ánimo durante este camino. Sin ustedes, probablemente esto no habría sido posible.
Y ahora que ya soy maratonista… ¿qué viene? ¿Una Major? ¿Quién sabe? jajaja El tiempo lo dirá.
Por ahora, solo quiero disfrutar algo que durante meses parecía tan lejano, cumplí mi sueño de correr mi primera maratón. ¡Y qué manera de hacerlo mejor que en Buenos Aires!
Por Francisca Antonia Ibáñez Muñoz
Fecha de la carrera: Domingo 20 de septiembre de 2026



