Race Report – Maratón de Buenos Aires 2026
La Maratón de Buenos Aires era un desafío que tenía en mente desde el año pasado. Quería que mi séptima maratón fuera también mi primera experiencia internacional y Argentina tenía un significado especial para mí: en 2024 había vivido uno de mis grandes desafíos deportivos al ascender el Aconcagua. Esta vez quería volver al país para enfrentar otra de sus grandes distancias: 42,195 kilómetros.
Llegué después de meses de preparación, combinando running con fuerza, montañismo y competencias híbridas. Fue un proceso de madrugar, compatibilizar entrenamiento con trabajo y vida personal, y aprender nuevamente que cuando la motivación no aparece, la disciplina y el compromiso son los que te ponen en la largada. Llegué a Buenos Aires con confianza, después de un buen tapering, buscando bajar mi marca de 3:49:15 y acercarme algún día al sueño de las 3:30.
Viajamos con Sofi el martes 15 de septiembre y nos alojamos cerca del Obelisco. Durante los primeros días hicimos nuestros tradicionales Run Tours, recorriendo entre 5 y 10 kilómetros para conocer la ciudad, orientarnos y mantenernos activos sin desgastarnos. Para mí, correr una ciudad es una de las mejores formas de conocerla: permite conectar lugares, descubrir otros y vivirla de una manera completamente distinta.
Buenos Aires nos recibió con su energía, gastronomía y mucha gente en las calles. La ciudad es prácticamente plana, pero la humedad sería uno de los grandes factores de la carrera. La Expo estuvo bien organizada y la información previa fue clara, algo importante considerando la cantidad de corredores.
El domingo despertamos a las 4:45. Llegamos temprano a la largada y nos encontramos con miles de corredores, todos compartiendo la misma meta, aunque con objetivos completamente diferentes. Con Sofi decidimos correr juntos y apoyarnos, pero sin presionarnos mutuamente. Nuestra estrategia era mantenernos cerca de 5:20/km, dosificar y cuidar especialmente la hidratación.

Los primeros kilómetros fueron de mucha concentración. Desde la largada avanzamos hacia la zona de River, entrando progresivamente en ritmo y disfrutando la energía de una carrera completamente internacional. Después el circuito nos llevó de regreso hacia el centro de la ciudad, pasando por lugares emblemáticos como el Obelisco, donde tuve uno de esos momentos en que pensé: “Ahora sí, estoy corriendo la Maratón de Buenos Aires”. Las banderas chilenas que aparecían entre el público generaban una emoción enorme.

Seguimos avanzando por sectores como Plaza de Mayo y luego hacia La Boca y la Bombonera. Llegamos al medio maratón en 1:53 y todo marchaba según lo planificado. Pero cerca del kilómetro 25 apareció el momento más difícil: piernas pesadas, una leve contractura en un isquiotibial y las primeras dudas sobre si sería capaz de mantener el ritmo. Decidí no sobrepensarlo. Las tormentas siempre son transitorias; había que atravesarla y seguir.
Después de pasar la Bombonera volví a encontrar el ritmo y la comodidad. La carrera continuó hacia Puerto Madero, ya entrando en una etapa donde cada kilómetro comenzaba a sentirse distinto. La humedad era intensa, estaba constantemente mojado por el sudor y tuve que ser mucho más consciente de la hidratación. Aun así, logré mantener el ritmo y seguir avanzando.
Del kilómetro 35 en adelante me sentí fuerte y pude aumentar el ritmo. Ya sabía que estaba cerca de conseguir una nueva marca, pero todavía quedaban kilómetros por correr. En los últimos tramos, mientras Sofi venía más exigida, intenté devolverle parte del apoyo que habíamos tenido durante toda la carrera: “Estoy contigo”, “lo tenemos”, “no aflojes”. Nos fuimos motivando hasta llegar juntos a la meta.
El resultado fue 3:48:00 oficial, una nueva mejor marca personal, 1:15 menos que mi registro anterior. Pero esta vez el tiempo terminó siendo solamente una parte de la historia.
Porque tenía preparada una sorpresa.
Después de cruzar la meta avancé unos metros, busqué a una persona para que grabara y volví donde estaba Sofi. Me arrodillé y le pregunté si quería seguir corriendo conmigo por más ciudades, senderos y países; seguir cruzando metas juntos, junto a nuestra Summit.
Ella no lo esperaba.
Me abrazó, me besó y dijo que sí.
La gente que estaba alrededor comenzó a aplaudir y felicitarnos, convirtiendo la llegada en un momento que difícilmente vamos a olvidar.

Me fui a Buenos Aires buscando una nueva marca y una medalla. Volví con ambas, pero también con algo mucho más importante: la certeza de que quiero seguir cruzando metas junto a la persona que amo.
Porque, como dice mi amigo y colega Christian Gutiérrez, @Gutikine: “La vida es una maratón”. Tiene altos y bajos, momentos donde todo fluye y otros donde cuesta avanzar. Pero hay que seguir, paso a paso.
Y esta vez, Buenos Aires nos regaló una meta que vamos a recordar para siempre.
Por Sebastián Rojas
Fecha de la carrera: Domingo 20 de septiembre de 2026



