Diego Molina: «A recordar por qué corro: Porque me hace profundamente feliz»#MaratondeTokio2026 #RaceReport

Race Report – Maratón de Tokio 2026

Partí el 2025 convencido de que no tendría tiempo para preparar otro maratón. Volver a las aulas para cursar el MBA hacía pensar que el Maratón de Santiago sería el último baile por un buen tiempo. Pero en medio del proceso apareció una fractura del segundo metatarsiano que cambió todos los planes. Me resigné: El resto del año serían 10K, quizás algún 21K, y el maratón quedaría para 2027.

Cuando se abrieron las postulaciones a Tokio pensé: “qué linda oportunidad de salir rechazado otra vez”. Ya acumulaba un par de intentos fallidos, así que sería otra raya más al tigre. Pero esta vez decía “Accepted”.

El primer pensamiento fue práctico: ¿Cómo le digo a la señora?, ¿Cómo le digo al entrenador?, ¿Habrá que devolver el cupo? En la casa el apoyo fue inmediato. El profe fue claro: Había tiempo, ya que con seis meses podíamos preparar algo competitivo. Estaba recién retomando tras el alta médica, pero el desafío estaba planteado.

La preparación debía ser quirúrgica: Trabajo, estudios, vida personal y entrenamiento. Logré un buen 10K en Viña que me dio confianza, pero en octubre un esguince de tobillo volvió a frenar todo por algunas semanas y recién a fines de diciembre pude retomar con continuidad. Con las clases ya terminadas, esos dos meses finales fueron de lucha.

Llegué a Tokio con menos volumen del ideal, pero con buena respuesta física. El objetivo era simple: Ganarle al pronóstico del Garmin y disfrutar la carrera.

La Expo fue el momento en que dimensioné dónde estaba. Es un privilegio cruzar el mundo para correr junto a atletas de nivel mundial.

La recepción en la residencia del embajador fue otra instancia especial para compartir expectativas con otros chilenos que vivirían la misma experiencia. También compartir el viaje con mis compañeros de Cronos lo hacía especial.

El día de la carrera aparecieron los nervios. Filas para el baño, filas para guardar ropa, filas para todo, pero ya estábamos ahí. Tocaba correr. El clima acompañaba y las instrucciones del coach estaban claras… aunque no las seguí del todo y salí más rápido de lo planificado.

El primer kilómetro fue contener la ansiedad y acomodarme en medio del corral C. Después, encontrar el ritmo dentro del rango que me había propuesto y buscar la sombra porque el sol empezaba a hacerse sentir.

Y entonces, disfrutar.

El recorrido, el ambiente, los chilenos con banderas alentando, pensar en Francisca mientras tarareaba canciones de animé que a ella le gustan, sonreírle a cada cámara que aparecía. Fue, sin duda, el maratón que más he disfrutado. Fui genuinamente feliz durante casi todo el recorrido.

Salvo esa recta interminable entre el kilómetro 35 y el 37,5 que parecía no terminar nunca. Ahí hubo que apretar los dientes y sostener el ritmo.

Crucé la meta en 3:15:00, dentro del rango que me había planteado. No fue una carrera perfecta, pero sí honesta.

Venir a Tokio fue un regalo inesperado. No vine a buscar una marca épica ni a demostrar nada. Vine a honrar el proceso – con lesiones, estudios y dudas – y a recordar por qué corro: Porque me hace profundamente feliz.

Y eso, más que cualquier crono, es lo que realmente me llevo de vuelta a casa.

Por Diego Molina

Fecha de la carrera: Domingo 1 de marzo de 2026

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