Cristian Guzmán: “Sonreír en la meta”Maratón de Rotterdam 2017

Race Report Maratón de Rotterdam 2017

Poder participar del proyecto Rotterdam fue desde el principio un sueño. Me sentía el más débil dentro de un grupo con mucha experiencia en trote y con buenos tiempos que se notan en cada media maratón que participamos. Aún así quería agregar mi grano de arena en el proyecto y me propuse a entrenar muy duro el verano pasado.

Rotterdam es una ciudad moderna de edificios más altos si la comparamos con el casco histórico de Amsterdam. La postal del Maratón era el puente “Erasmusbrug”, el cual se veía desde nuestro hotel, siendo portada de nuestras noches de reflexión previas a la carrera.

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Para la época, en Holanda (inicio de primavera en el hemisferio norte) hacía mucho frío, la máxima no superaba los 12 grados los días que arribamos, pero todos los pronósticos decían que el día de la carrera sería diferente, un oasis dentro de todos los días nublados y helados que hubo en Rotterdam esa semana.

El ambiente era agradable, el grupo de Santiago Runners hacia que todos estuviésemos concentrados y listos para lograr cada objetivo individual propuesto, ya habían sido 4 meses de duro entrenamiento y era el momento de plasmarlo. Tuvimos nuestra última charla técnica la noche previa a la carrera y todo presagiaba una muy buena carrera para todos.

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Los días previos habíamos comido bien, no hubo lesiones ni distractores ¿cómo no triunfar?

Venía de hacer buenos 21km durante el año: Valdivia es una carrera dura y soportamos bien, Stgo 21k todos habíamos conseguido correr a buen ritmo y sin cansancio. Yo, en particular, me sentía confiado, pero con un recuerdo latente del maratón pasado que me quería sacar aquí y ahora. Quería llegar entero a la meta (sin falto de dolor obviamente), pero orgulloso de lo logrado.

Mi primer maratón no le tuve respeto, salí a ganar cegado por el desconocimiento y la confianza, pero en ésta sentía miedo por volver a sentir tanto dolor nuevamente, fui más cauto y temeroso.

Omar Aguilar me dijo: “ya sabes tú ritmo y ya tienes experiencia”, eso me tranquilizó, confío en que el ritmo es el correcto y no iré más rápido.

De todas formas, post stgo21k mis largos no salieron cómodos, me costaba mantener el ritmo en las series. Al parecer nunca pude descansar bien luego de esa carrera y el entrenamiento duro podría jugarme en contra, esto sólo era una teoría en aquel momento.

La mañana de la carrera vemos el sol rojo del amanecer y todo el grupo salió feliz a darlo todo, el ambiente era muy agradable, nos abrazamos y dimos el último ánimo antes de separarnos cada uno a su carril.

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Mi grupo entró al carril C, quedamos a 2 metros de la partida. El sol brillaba, tomé el último sorbo de agua y escuchamos el cañonazo de partida.

A un km se veía el puente, pero esa subida no se sentía, estábamos bien entrenados, todos íbamos en el orden propuesto, se veían todos bien. Nunca pude ver a Nicolás Ángel, Gerardo Valle o Jonathan Barrera, sus respectivos carriles y velocidad los alejaban rápidamente. Frente a mí vi a Roberto Soto y a Omar Aguilar, mientras que al lado íbamos tranquilos con Lucas Meyer, Manuel Barros y Diego Eluchans.

Km 5: Pasamos todos en el tiempo propuesto, me animó ver a todos bien (iba en la parte final del grupo, sólo la Trinidad Moreno venía más atrás).

Algo que nos gustó mucho fue que en los puntos de hidratación todos los vasos de agua tenían una esponja en la superficie, con un orificio triangular por donde pasaba el agua. Esto hizo más fácil beber, ya que no fue necesario doblar el vaso.

Km 8 y me comienzan a molestar las plantas de los pies ¿qué pasa? Estaba atravesando un canal que no terminaba nunca y pensé ¿quién dijo que esta carrera era plana? Falso plano querrán decir.

Km 10: Me costaba mantener el ritmo ¿debía aflojar? No, era demasiado pronto, de seguro mi mente me estaba jugando una mala pasada. ¿Por qué me molestaba tan temprano la banda iliotibial?

Km 13: Algo andaba mal, estaba algo fatigado, no era un ritmo cómodo ¿pero cómo? Si en Stgo 21k iba 17 seg/km más rápido y sin molestias a esa altura… definitivamente algo andaba mal.

Km 15: Modifiqué mi plan, me quería mantener a 4:15. Me dolían los cuadricep, pensaba que esta sensación recién me llegaría al km 28-30.

Km 19: “No voy a parar, no voy a parar, no voy a parar”, me dije en ese momento.

Km 20: Veo a una keniata tumbada en el suelo siendo asistida por gente de la organización. Mis piernas me ardían, no podía seguir así, debía parar… pero no quería. Tenía mi primera caminata de 10 segundos.

Km 23: No podía, nuevamente debía caminar, me dolían los muslos, la banda y los gemelos. La gente me apoyaba más ahora que me veía mal, pero lo único que quería era sacarme las zapatillas. “No voy a dejar esto así, voy a seguir”, pensé.

Km 24: Volví a caminar, me ardían las piernas. El dolor llegó antes que el año pasado, no encontraba explicación. Mi cuerpo me pedía parar, pero no lo quería hacer. Era extraño, los largos de 30 km los realizamos con una suma de 110 km previos en la semana y aun así podíamos hacerlos bien, pero en los últimos largos ya sentía que algo andaba mal.

Km 25: Me pasó mucha gente, me sentía cansado. Paré para tomar agua e isotónico. El ritmo aumentó a 1 minuto más de lo que debía. “¿Dónde quedó el entrenamiento? No puedes botar esto, entrenaste mucho para estar acá”, me decía.

Km 26: Hago lo peor que se puede hacer acá: calculo cuanto queda de sufrir: 16 km de seguir así…mi mente no lo acepta.
Aquí es donde uno tiene que tomar una decisión fría: continúo, llego exhausto, acalambrado y, quizás, lesionado a la meta o renuncio con el dolor de mi alma a lo que tanto entrené y defraudo a la gente que nos dio su apoyo.

Km27: No podía más, el puente, ese mismo puente que pasé tan bien, me aniquiló y tiré la toalla, no quería volver a sufrir lo mismo que el año pasado y arriesgar una lesión, le tengo demasiado respeto al maratón ahora, no le puedo doblar el brazo.

Caminé, me salí de la calzada, la gente me alentaba, pero ya no había vuelta atrás, me quité la polera, me voy mirando el suelo, avergonzado, sin medalla y pienso “esto no es para mi”.

No todo depende del entrenamiento que uno realizó, ni de las buenas proyecciones que uno pueda tener. El día que uno corre un maratón todo queda atrás y las proyecciones no cuentan, hay que luchar.

Terminarla ya es un logro y pensar en bajar las 3 horas no es llegar y hacerlo, sólo un porcentaje menor lo consigue y ahora los admiro más.

Quiero resaltar que para mi fue un fracaso y no hay que adornarlo, sino que se debe aprender de él, sacar conclusiones y ganas para poder lograr lo que se me hace tan esquivo: Sonreír en la meta de un maratón.

Cristian Guzmán
Santiago Runners

Fecha de la carera: Domingo 9 de abril de 2017

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